
MIRADOR MUNDIAL
Los artículos aquí consignados responden a los criterios de cada autor(a) y no necesariamente están en total correspondencia con los principios u opiniones de Ecuvives como asociación
ESPIRITUALIDAD Y LIBERACIÓN CAMINOS DE LA SOCIEDAD
PÁGINA PRINCIPAL INTERCAMBIO VENEZUELA AL DÍA MIRADOR MUNDIAL NOTAS DE SALUD PALABRA Y VIDA UTILIDADES
1. No se trata solo de dinero / Jorge Gómez Barata
2. La manipulación informativa en América Latina / Eduardo Lucita
3. ¿Qué puede él cambiar? / Immanuel Wallerstein
4. De la lobotomía moral / Juan Gelman
5. La vorágine / Freddy J. Melo
6. Guerra y mentira / Giulietto Chiesa
7. Israel: ¿Nuclear yo? / Ferry Biedermann
8. Manifiesto Público: Iglesias y VIH/Sida / Cesar Henríquez
9. Islam: la religión de más rápida expansión en Europa / Harún Yahya
10. La crisis capitalista mundial es imparable / Jorge Altamira
11. Tibet no es ningún Shangri-La / Diario del Pueblo en línea
12. Casi
nada es como nos cuentan en Tibet / Txente Redondo
13. Cinco preguntas sobre el levantamiento en el Tibet (una versión
de lo ocurrido) / Peter Franssen
14. Estados Unidos en cifras, el vergonzoso estado de la Unión /
Robert Weissman
15. El sol comienza un nuevo ciclo de actividad / Yuri Zaitsev
16. Siete preguntas y siete respuestas sobre la Bolivia de Evo Morales / José Natanson
1. NO SE TRATA SOLO DE DINERO

Jorge Gómez Barata
La aritmética es conclusiva: “Cuando son falsas las premisas, son falsas las respuestas”. Así ocurre con las apelaciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para paliar la crisis que golpea a los países pobres, con motivo del encarecimiento de los alimentos; fenómeno que obedece a la aplicación de políticas santificadas por ellos y que provocan las turbulencias que sacuden a la economía, el comercio y las finanzas internacionales.
El encarecimiento de los alimentos no ocurre porque haya mermado la producción o crecido la demanda, debido a que la gente tenga más apetito o porque los chinos y los indios consuman más, sino por la aplicación de políticas que, sin tomar en cuenta consideraciones humanas y morales, desvían parte de la producción para la producción de agrocombustibles generando tensiones evitables. A ello se suma la elevación del precio del petróleo y devaluación del dólar.
Cualquier análisis debe partir del hecho de que prácticamente toda la producción mundial de alimentos destinados a la exportación se encuentra en manos de unas pocas transnacionales y que los países pobres, plagados de realidades históricas y deformaciones estructurales que les impiden un desempeño económico exitoso, están ubicados en los trópicos en los que la producción de cereales no existe o no es económicamente viable, cosa que obstaculiza el fomento de la ganadería y la avicultura nacional sustentables y en los que la opción del autoabastecimiento no existe. La combinación es letal
A todo eso se añade que por sus magras exportaciones, los países pobres reciben dólares que se devalúan por día, haciendo que su capacidad de compra se desplome y aun los pocos países que exportan en cantidades considerables, destinan parte de sus ingresos al pago de deudas o a engrosar sus reservas internacionales, también en dólares, que por añadidura caen en poder de los respectivos bancos centrales, que funcionan según las reglas de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Banco Mundial. Se trata de una noria salvaje que obliga a los países pobres a, con papeles que cada vez valen menos, comprar alimentos y petróleo cada vez más caros.
Según los razonamientos técnicos del FMI y del Banco Mundial, las reglas son las mismas para todos, cosa que no es verdad. Los países pobres siempre pierden, entre otras cosas porque sus gobiernos oligárquicos algunos sometidos y comprometidos otros, e incompetentes muchos, en lugar de asumir posiciones firmes, se pliegan al dictak extranjero, incluso algunos países que pudieran ser muy fuertes, como México, en lugar de encabezar la resistencia se pliegan.
Por otra parte, pese a sus enfoques neoliberales, por razones prácticas, los gobiernos de los países desarrollados procuran encontrar formulas que eviten el deterioro de los niveles de vida de su población y les permitan mantener la paz social, alcanzada al haber integrado a las clases medias y a los trabajadores al sistema. Para esos sectores, la crisis alimentaría es una referencia o, cuando más, el deterioro de ciertos indicadores pero no el hambre humillante y letal que se abate sobre los países pobres.
Para los empresarios norteamericanos, europeos, canadienses y australianos que producen alimentos para ganar dinero, es mejor negocio vender su mercancía a buenos precios a quienes, en sus propios países, producen etanol o biodiesel, que exportarla a Burkina Faso o Bangla Desh con los riesgos que ello implica.
Con todo y su carácter opresivo, el régimen feudal contenía elementos de humanismo, uno de ellos era la figura jurídica del “hurto famélico”, según la cual, quien roba pan porque tiene hambre podía alegar atenuantes e incluso ser exonerado. Al llegar al poder, la burguesía suprimió semejante anomalía. El hambre es suya y el pan es mío y la libertad de empresa es tan sagrada como la propiedad.
El FMI y el Banco Mundial, no son organizaciones caritativas, sino clubes de banqueros donde sólo se habla de dinero. Tales instituciones son parte del problema y no parte de la solución.
El mundo produce alimentos de calidad en cantidades suficientes para todos los habitantes del planeta. La mala noticia es que son mercancías y, mientras se trate de dinero, no hay solución para los pobres o tal vez si. La opción es cambiar las reglas.
Créditos imágen: http://www.viajeros.com/imagenes/rocio/7tips_dinero/7tips_dinero.jpg
2. LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA EN AMÉRICA LATINA

Eduardo Lucita*
Argenpress
Periodistas de catorce países latinoamericanos y de Europa se reunieron en Venezuela para debatir sobre cómo muchos países de la región sufren la manipulación informativa de los grandes medios.
Durante los días 27 al 31 de marzo reciente convocado por la Agencia Bolivariana de Noticias, se desarrolló en Caracas, Venezuela, el Primer Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático que concluyó con un llamado a los jefes de Estado de los países latinoamericanos y caribeños para que incorporaran esta temática en todas la reuniones y foros internacionales de la región.
Estando en Caracas para participar en un debate sobre la crisis financiera internacional con economistas de diversos países puede hacerme tiempo para asistir parcialmente a este encuentro. Periodistas de distintas especialidades, estudiantes de comunicación, comunicadores sociales de catorce países de América latina y el Caribe, Canadá, España y Francia entre otros, se reunieron durante cinco días en esta ciudad para dar lugar al primer encuentro de estas características contra la manipulación informática, la desinformación organizada y políticamente intencionada.
En rigor este encuentro resultó la contracara de la asamblea semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que sesionó en esta misma ciudad y casi en los mismos días, siendo anfitrión de la misma el director del diario El Nacional, decidido opositor al gobierno del presidente Chávez.
Lenguaje agresivo
Tal vez una paradoja del momento resulte que los representantes de los diversos medios integrantes de la SIP, se reunieran en Venezuela para denunciar la ausencia en este país de libertad de prensa, cuando ellos mismos sesionaban sin tapujos y sin recortes a su libertad de expresión. Este cronista no oculta sus simpatías por el proceso bolivariano pero, con total objetividad, resulta muy sencillo comprobar cómo los diversos medios gráficos, radiales y televisivos se expresan con total libertad y con un lenguaje cuya agresividad es lo mínimo que puede decirse. Como se sabe la mayoría de estos medios está bajo control de opositores al gobierno chavista.
Por el contrario quienes daban lugar a este primer encuentro hacían el centro de sus intervenciones en defender la ética profesional y la veracidad comprobable de las informaciones que a diario daban a conocer en sus respectivos países, a la par que no vacilaban en denunciar la falsificación noticiosa por parte de las multinacionales de la información y la propia Sociedad Interamericana de Prensa. La mayoría de los ponentes señalaron que la manipulación está orientada a descolocar, cuando no desestabilizar, a los gobiernos y pueblos que bregan por la paz, la justicia y la inclusión social.
Manipulación
Las experiencias en Chile, Nicaragua, El Salvador, Argentina y Uruguay entre otros países en el pasado y en Cuba, Venezuela y Bolivia en los tiempos presentes fueron puestas a consideración en los diversos paneles de debate que cubrieron todo el encuentro. Pero sin dudas fue el reciente ataque colombiano que vulnerara la soberanía territorial ecuatoriana el ejemplo al recurrieron una y otra vez. Allí lo que fuera presentado como un combate no otra cosa fue que el asesinato de personas, integrantes de las FARC o no, que dormitaban en la selva, y fue acompañado por la supuesta captura de un computador portable que, se supone, contenía archivos confidenciales y fotografías de dirigentes ecuatorianos con miembros de la dirección del grupo insurgente colombiano.
También la fotografía que El Tiempo de Colombia publicara, y que el gobierno de ese país difundiera a raudales, del fallecido Raúl Reyes con alguien que fue identificado como el ministro ecuatoriano Gustavo Larrea. Ahora sabemos que se trataba del Secretario General del Partido Comunista Argentino, que años atrás le hiciera una entrevista en plena selva, como el mismo Patricio Etchegaray lo reconociera una y otra vez.
Un derecho
En la declaración final de este primer encuentro el terrorismo mediático fue caracterizado como una condición necesaria al militarismo y a los condicionamientos económicos que el norte industrializado emplea para imponer su hegemonía en la región. Como tal resulta enemigo de la libertad de expresión, de la democracia y de sociedades más abiertas y plurales en nuestro subcontinente. La SIP fue caracterizada aquí como la expresión mediática del dominio que se intenta ejercer sobre América latina.
La SIP hizo eje en sus deliberaciones en la carencia de la libertad de prensa y en el libre ejercicio de la libertad de expresión, pero esto no se condice con el carácter tendencioso y el papel que juegan los grandes medios que la integran en los momentos críticos que atraviesan una y otra vez los países de la región.
Por el contrario los participantes de este primer encuentro hicieron eje en la ética de la profesión y en la veracidad de las informaciones, y reconocieron estar a la búsqueda de una nueva conciencia en relación al papel que deben jugar los medios comunicacionales. Asimismo expresaron la necesidad de contar con una plataforma internacional contra el terrorismo mediático. A tales efectos se comprometieron a volver a encontrarse dentro de dos meses en fecha y país a designar.
Uno de los lemas centrales de este encuentro que levanta la declaración final lo caracteriza por si solo: 'La información no es una mercancía. Tal como la salud o la educación es un derecho fundamental de los pueblos y debe ser objeto de políticas públicas permanentes'.
Son dos versiones de la libertad de prensa y expresión, el lector sabrá ubicarse.
*Eduardo Lucita es Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).
Créditos imágen: http://www.diariosobrediarios.com.ar/dsd/images/sip.gif
¿Y si Obama lograse la presidencia?
3. ¿QUÉ PUEDE ÉL CAMBIAR?

Immanuel Wallerstein
La Jornada
Parece ahora bastante probable, aunque no sea seguro aún, que Barack Obama será el candidato demócrata a la presidencia. Y parece muy probable que podría ganarle la competencia a John McCain. También parece casi seguro que crecerán las mayorías demócratas en el Senado y la Cámara de Representantes. Entonces, parece que Obama podría asumir el cargo con un mandato relativamente fuerte de parte de los votantes. Si uno se pregunta cómo es que Obama fue capaz de lograr esto, cuando entró a la carrera apenas hace seis meses como joven y poco probable vencedor, la respuesta parece clara. Obama enfatiza el asunto del “cambio” y este punto parece haberle resonado a los votantes, incluidos muchos que no habían votado antes.
Por supuesto, cambio es un término ambiguo y su significado varía según quienes lo pregonen. Pero parece ser que el asunto del “cambio” responde a un alto grado de incomodidad en Estados Unidos en el contexto de la actual situación general del país en el mundo. Las dos zonas de máxima incomodidad son la guerra de Irak y el estado de la economía. Lo que la mayoría de los votantes parece estar diciendo es que piensa que la guerra en Irak es un pantano, y que fue un error haber invadido ese país. En cuanto a la economía, los votantes parecen decir que su nivel actual de vida ha ido bajando y que tienen mucho miedo de que continúe cayendo todavía más. Así que, básicamente, rechazan las principales líneas de argumentación del régimen de Bush, y en gran medida lo culpan por sus incomodidades. Es menos claro cuáles son los cambios específicos que los votantes quieren, pero algo desean.
Obama tiene un segundo atractivo más allá de acometer el asunto del cambio. Es una cuestión de estilo. Él afirma que está deseoso de hablar con todo mundo. A nivel internacional con las supuestas fuerzas no amistosas y con los supuestos aliados, y a nivel interno con personas de todas las facciones políticas. Esto contrasta con la repetida insistencia de Bush de que hay todo tipo de grupos con los que Estados Unidos no debería “negociar” jamás.
Hay una segunda clase de atractivo estilístico de Obama. Él dice, una y otra vez, “¡Sí, nosotros podemos!” Éste es un punto que retomó de César Chávez, el legendario líder hispano de los trabajadores agrícolas, cuyo lema era “¡Sí, se puede!” Este punto atrae particularmente a todos aquellos que se han sentido marginados en el sistema político estadunidense, y que encuentran que este punto los empodera.
Así, ahora que Obama parece cerca de convertirse en presidente, ha comenzado una considerable discusión en la prensa, en el Internet, y en el debate público, en torno al tipo de cambios que intenta emprender, de hecho, Obama. Ésa, me parece, es la pregunta equivocada. La real cuestión es qué tipo de cambios puede hacer, cuestión totalmente diferente.
El historial de Obama es el de un demócrata liberal que se opone a la guerra de Irak y cuyo modo de actuar ha sido siempre de centro-izquierda, algunas veces con fuerza y otras con mucha prudencia. Es seguro que intenta conferirle un estilo diferente a la Casa Blanca. Lo que es bastante menos claro es qué tan radicalmente diferentes serán las políticas que intenta implantar. Pero aun suponiendo que fuera más radical políticamente de lo que parece a simple vista, la cuestión continúa siendo ¿qué puede hacer?
Sin duda, los presidentes de Estados Unidos pueden afectar las políticas de modos importantes –George W. Bush lo ha demostrado– pero también quedan prisioneros de su propio cargo. Es por eso importante revisar cuáles son las opciones en política exterior, en política económica, y en aquel ámbito más suelto que podríamos llamar política cultural.
En política exterior, el asunto más inmediato y avasallador es Medio Oriente –no sólo vis-à-vis Irak, sino también vis-à-vis Afganistán, Irán, Paquistán e Israel/Palestina. Bush ha trabajado muy duro para atarle las manos a su sucesor. Pero cometió el error de pensar que la política estadunidense en Medio Oriente está primordialmente en manos del gobierno estadunidense. Yo ya no pienso que ése sea el caso. Hay un torbellino de fuerzas en esta región que están más allá del limitado poder del gobierno de Estados Unidos, como para poder canalizar su dirección. En Irak, lenta, pero seguramente, acumula vapor el nacionalismo antiestadunidense.
En Afganistán, los talibanes regresan subrepticiamente al poder de facto y como subproducto amenazan perturbar el funcionamiento de la OTAN como fuerza internacional. En Pakistán, parece que Estados Unidos quedará reducido a rezar en silencio para que su amigo Pervez Musharraf, cada día menos popular, pueda capear el temporal. Los iraníes han decidido que simplemente pueden desafiar a Estados Unidos sin incurrir en ningún peligro real. Y tanto Israel como la Autoridad Nacional Palestina se hallan en terrenos mucho más inestables que nunca, interna e internacionalmente. En gran medida, Condoleezza Rice es ignorada por todos. ¿Tratarán diferente al secretario de Estado de Obama?
Si el torbellino deshace las políticas estadunidenses en la región y si incluso las fuerzas estadunidenses se retiran de Irak, ¿será la consecuencia que Europa occidental, Rusia, China y América Latina se acerquen, de hecho a Estados Unidos, aun cuando aprecien el estilo más amigable e inteligente de Obama? Las tendencias geopolíticas subyacentes están en contra de Estados Unidos. Obama puede hacerlo mejor que Bush, pero ¿qué tanto mejor?
La historia no es muy diferente si miramos el estado de la economía estadunidense. Sin duda, una administración demócrata tendrá políticas diferentes en cuanto a impuestos, atención a la salud y medioambiente. Y probablemente 80 por ciento de la población más pobre la pasará mejor. Pero los empleos en el ámbito de la manufactura no regresarán, aun cuando Estados Unidos hundiera sus propios pactos neoliberales de comercio. En este ámbito, hay también un torbellino, uno tal vez aún más poderoso que el torbellino político de Medio Oriente, y Estados Unidos no controla su despliegue.
Esto deja un ámbito donde Obama puede contar con cierto margen, ése que llamo sueltamente el ámbito cultural. Su campaña ha movilizado una fuerza popular que cobra fuerza y autonomía. Es ésa donde la gente dice: “sí, nosotros podemos”. Obama pudo haber sido de ayuda para encender esa fuerza, pero es una fuerza que cobra impulso propio y que tendrá mucho impacto en lo que haga como presidente. En un sentido amplio, es una fuerza que lo empuja, como presidente, hacia la izquierda, directamente y a través de los miembros del Congreso. Es muy difícil decir con exactitud adónde empujará esta fuerza a Obama. Pero su impacto puede resultar comparable a aquel que tuvo la llamada derecha religiosa en las políticas del Partido Republicano en los últimos 30 años.
Martin Luther King Jr. dijo: “Tengo un sueño”. El sueño de un Estados Unidos diferente con prioridades diferentes y convenciones más igualitarias. Si este próximo periodo conduce aunque sea a la realización parcial de un sueño así, tendrá, por supuesto, un impacto de largo plazo en el papel que juega Estados Unidos, y en el que desea jugar, en el sistema-mundo. Tendrá un impacto de largo plazo sobre el tipo de estructuras económicas que Estados Unidos mantiene para sí mismo y que el mundo mantiene para sí mismo. El cambio es de hecho posible, y es potencialmente un cambio positivo. Todo depende mucho menos de Obama que del resto de nosotros. Pero Obama, podría, únicamente podría, darnos el espacio para que el “nosotros” de “sí, nosotros podemos”, lo empujara a él y a Estados Unidos.
Traducción: Ramón Vera Herrera
Créditos imágen: http://clutchmagonline.com/wp-content/uploads/061211_obama_vlrg_3awidec.jpg
4. DE LA LOBOTOMÍA MORAL
El pentágono medica a sus soldados para mutilar su memoria y sus sentimientos

Juan Gelman
No es el mero lavado de cerebros, del que se ocupan cotidianamente gobiernos como el de la Casa Blanca donde asientan sus traseros —única materia pensante que, al parecer, poseen— los fautores de guerras infinitas, o ciertos medios, ciertas audiciones de radio, ciertas cadenas de televisión. Es algo más: es la mutilación de sentimientos morales como el arrepentimiento, la culpa, la memoria del horror, la solidaridad, la compasión, la repugnancia de matar a otros seres humanos y hasta la dignidad del combate. El Pentágono ha tomado medidas para que nada de eso asalte a sus soldados, que considera apenas material desechable. Se lo ha oficializado el Congreso de EE.UU.
La Ley de psicología Kevlar de 2007 faculta a la Secretaría de Defensa «a desarrollar y aplicar un plan de medidas preventivas y de intervención temprana, de prácticas o procedimientos que reduzcan la posibilidad de que el personal en combate padezca desórdenes post traumáticos (PTSD, por sus siglas en inglés) y otras psicopatologías relacionadas con el estrés, incluyendo la utilización de substancias» (www.opencongress.org, 31-7-07). La sustancia es el propanolol y esa preocupación tiene razones: casi el 40 por ciento de los soldados, un tercio de los marines y la mitad de los guardias nacionales que han luchado en Iraq sufren graves trastornos mentales, según se asienta en un informe del Grupo de Tareas sobre Salud Mental del Pentágono (www.defense link.mil, 15-6-07). En el informe relativo a los suicidios en las fuerzas armadas estadounidenses después de la invasión y ocupación de Iraq se registra que la tasa de efectivos que se dieron muerte por mano propia en el 2006 es la más alta desde 1980 (www.armymedicine.army.mil, 2006). La CBS informó en diciembre que, con base en una investigación que llevó a cabo, más de 6 250 veteranos se suicidaron en el 2005, unos 17 cada día. Las bajas en el frente fueron mucho menores. La muerte no cesa de trabajar después de los tiros.
La lógica de la ley Kevlar es sencilla: si los chalecos antibalas protegen el físico de los militares estadounidenses, ¿por qué no emplear drogas para proteger su subjetividad? Desde la Segunda Guerra Mundial, el Pentágono viene desarrollando métodos para modificar los valores éticos que las familias y la escuela inculcaron a los reclutas. El teniente coronel Peter Kilner fue muy claro al respecto: «El entrenamiento militar moderno condiciona a los soldados para que reaccionen ante los estímulos y esto maximiza su capacidad letal, desbordando toda autonomía moral. Se condiciona a los soldados para que actúen sin considerar las repercusiones morales de sus acciones, se los torna capaces de matar sin tomar la decisión consciente de hacerlo. Si no pueden justificar ante sí mismos el acto de matar a otro ser humano, probable y comprensiblemente se sentirán muy culpables y esto se manifestará en un PTSD y dañará la vida de miles de hombres que cumplieron su deber en el frente». (The New Yorker, 5-7-04). El coronel Kilner es profesor de filosofía y ética en West Point. ¿Cómo definirá la ética en sus clases?
La cápsula de propanolol destinada a los efectivos estadounidenses tiene efectos varios. Es como una pastilla del día siguiente, atenúa o apaga la memoria de los horrores vistos y cometidos. Esta técnica de congelación de la sensibilidad y la memoria explica el miedo de las familias, que se instala en los hogares cuando los veteranos vuelven y ejercen una violencia indiscriminada. También el número de violaciones dentro de las fuerzas armadas de EE.UU.: ascendieron a 2 374 casos en el 2005, un incremento del 40 por ciento respecto del año anterior y se trata apenas de los casos denunciados. El general K.C. McClain, comandante del grupo de tareas del Pentágono encargado de la prevención y respuesta a las agresiones sexuales en las propias filas, subrayó: «Los estudios indican que solo se notifica el cinco por ciento de esos hechos» (www.defenselink.mil, 16-3-06). Si así fuere, tales agresiones habrían superado la cifra de 47 000 en el año investigado, más de 130 por día. Una friolera, vamos.
Es notorio que el propanolol se emplea con fines terapéuticos, entre otras cosas para aminorar la presión sanguínea y poner coto a las arritmias del corazón. Algunos atletas lo utilizan a manera de doping con el objeto de mejorar su rendimiento. Para el Pentágono es otra cosa: una garantía de que las tropas perpetren cualquier crimen sin cuestionamiento alguno y puedan seguir cometiéndolos. La ley Kevlar facilita la «cura» de los impulsos suicidas y los trastornos mentales que experimentan los efectivos norteamericanos mutilando su memoria y sentimientos. La lobotomía moral existe.
(Tomado de Página 12)
JUVENTUD REBELDE
Créditos imágen: http://rferrari.files.wordpress.com/2007/11/lobotomia.jpg
5. LA VORÁGINE
Freddy J. Melo
El 9 de abril de 1948, como en la celebrada novela de José Eustasio Rivera, Colombia jugó su corazón al azar y se lo ganó la violencia. Al conjuro de tres balazos infames estalló la nervadura nacional del país hermano y la vorágine de la guerra sacudió a Bogotá, atravesó ríos, caminos, veredas y terminó aposentándose hasta el sol de hoy en las montañas. La Nueva Granada, corazón de la patria grande fundada por el Libertador, no pudo, no ha podido amansar el egoísmo de la feroz oligarquía que se acostumbró a saldar con sangre su derecho “divino”* a oprimir, explotar y vivir del trabajo de los otros.
Desde luego, esa violencia no fue súbita: Comenzó a incubarse en los días republicanos primigenios, cobró presa magna cuando, apuntando al corazón de Bolívar y de su obra mayor, abatió al Mariscal Sucre, siguió descargándose con regularidad cotidiana sobre las peonadas en los latifundios y sobre los semiesclavizados en las ciudades, dictó ucase mortal contra cualquiera que osara enfrentarla y se trenzó en lucha cruenta de facciones “conservadoras” y “liberales” por el trofeo del aparato estatal y la primacía política y económica, enlazando a los sectores populares tras una y otra banderías. Así, hasta el momento en que éstas comprendieron la necesidad de entenderse y borraron sus inquinas, porque la “chusma estúpida” o “populacho soez”, bajo la guía de un líder nacido de su entraña, se estaba transformando en pueblo que superaba la división y pugnaba por recuperar lo que le habían arrebatado. La sentencia sobre la cabeza de Jorge Eliécer Gaitán llevaba la marca de la godarria unida.
La ruptura con el proyecto bolivariano iniciaba, vía la conchupancia Santander-Henry Clay, la penetración del incipiente imperialismo del Norte, que hoy ejerce señorío sobre la oligarquía desnacionalizada y remacha la opresión del pueblo, con los planes antipatria, los enclaves militares y los consorcios transnacionales patrones de la economía legal e ilegal. En el debe histórico de bulto están el sabotaje al Congreso Anfictiónico, la secesión de Panamá en 1903 para abrir el canal (la cual contó, cómo no, con celestinaje oligárquico), la masacre contra los obreros de la United Fruit en 1928 y, en alguna medida, la complicidad en el “caso” Gaitán, a quien el FBI, antecesor de la CIA en las ejecutorias de ese tipo, tildaba de comunista.
Antes de Gaitán había contado el pueblo colombiano con otro notable caudillo, el general Rafael Uribe Uribe (si hubiere nexo familiar con el actual de ese apellido, seguro que no lo hay en sensibilidad y humanidad), quien, según J. A. Osorio Lizarazo, quería que el Partido Liberal “abrevase en la fuente del socialismo (…) para que incorporase tesis nuevas de equilibrio económico y de equidad social”. La oligarquía lo asesinó también, el 15 de octubre de 1914. Gaitán asumió esos principios, y, en el Manifiesto de la “Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria” (UNIR), con la cual intentó en 1933 trascender el Partido Liberal (del cual a la postre asumiría la jefatura, pese a la animadversión de sus cabecillas tradicionales) invita “a los desheredados, a los perseguidos, a todos los oprimidos y explotados, a formar un frente único para luchar y conquistar la justicia” y declara “la tierra debe ser para quien la trabaja, el latifundio es un crimen, el enriquecimiento con la explotación es ilícita y criminal, los obreros deben intervenir en la reglamentación y administración de las fábricas, el Estado tiene el deber de intervenir en la dirección de la economía…”. Era demasiado para los oligarcas.
En abril de 1948 se reunía en Bogotá la IX Conferencia de la Unión Panamericana, ente que buscaba lavarse la cara al convertirse en OEA. El estudiante Fidel Castro se encontraba también en esa capital, promoviendo “contra aquella comedia” una “organización continental de juventudes”, y solicitó y obtuvo el apoyo de Gaitán, a expresarse en un mitin fijado para el día 9, precisamente. El crimen lo canceló. El futuro revolucionario cubano señaló luego su apreciación sobre el colombiano: “Su tipo indio, su faz muy inteligente, brillante político, brillante orador, brillante abogado, mi gran impresión de Gaitán”. Cuyo asesinato, se ha repetido hasta la saciedad, partió en dos la historia de Colombia. “Y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre”, válganos el verso de Neruda. Y frustración de todo intento de paz, la cual sólo es posible, lo consagran la Biblia y la historia, por el camino de la justicia.
*las comillas son nuestras (el editor)
Créditos imágen: bp0.blogger.com/
6. GUERRA Y MENTIRA

Giulietto Chiesa*
Nuestra sociedad planetaria vive un cambio histórico sin precedentes. El control del sistema informativo masivo mundial por una elite muy poderosa. La mentira y la guerra son sus principales artimañas para llevarnos adonde no queremos ir. El control del pensamiento y de la opinión mediante la información mediática es su estrategia. El experimentado periodista italiano Giulietto Chiesa y actual eurodiputado nos explica como funciona esta maquinaria.
El siguiente texto fue concebido durante una conferencia que fue realizada en el Círculo de Ágora de Pisa, el 21 de marzo 2002; ha sido corregido y actualizado por el autor en agosto 2003. Publicación inédita en castellano.
1. Comunicación y democracia
Son pocas las personas capaces de esbozar un cuadro de la situación actual del planeta. Pero eso no quiere decir que no haya nadie que vea dicha situación. Aquellos que disponen de información tienen más oportunidades de ver el presente, y también una parte nada desdeñable del futuro.
De todos modos, es cierto que la gran mayoría de la población, incluyendo a quienes toman decisiones y tienen cierto poder, no dispone de dichas informaciones. ¿Por qué? Porque vivimos en un sistema de comunicación, y no sólo de información, que no da noticia del mundo en que vivimos, que incluso nos proporciona una imagen completamente falseada y nos impide ver qué ocurre.
Pongamos un ejemplo. En Italia hemos conocido todos los detalles del crimen de Cogne [1], el de aquella madre que posiblemente mató a su hijo.
Fue el tema principal de la prensa escrita, de los telediarios, de los programas de cotilleo y de debates televisados. En fin, ha sido el acontecimiento más comentado, analizado y discutido por los medios de información durante los primeros meses del año 2002, y como resultado, también por el público.
¿Qué hay en juego en este tema? ¿Tiene alguna influencia sobre la «conciencia» colectiva? Sin duda alguna ejerce una fuerte influencia en numerosos aspectos. Pero lo que está en juego salta a la vista inmediatamente: al ocupar las primeras páginas de la prensa durante todo un mes, la madre de Cogne (en esto, inocente) ha eclipsado el resto del planeta. El mundo entero ha desaparecido bajo ese sudario, incluidos los bombardeos estratégicos estadounidenses que ametrallaban por entonces los valles de Afganistán.
Casos de ese tipo, incluso más sorprendentes todavía, son innumerables. Pongamos otro ejemplo para ilustrar el hecho de que todo el sistema de comunicación e información por completo está construido y funciona para burlarse de todos nosotros y llevarnos adonde «ellos» quieren.
A mediados de noviembre, cuando los tadjik llegaron a Kabul y la «conquistaron», la prensa escrita y los telediarios italianos más importantes (y también los menos importantes), la Repubblica, la Stampa, el Corriere della Sera, [los telediarios] Telegiornale1, Tg2, Tg3, Tg4, Tg5, Tg6 y Tg7 nos informaron de que las mujeres afganas se habían quitado «por fin» el burka y que los hombres se habían afeitado «por fin» las barbas.
Ahora, ya lo sabemos, esas noticias eran falsas; pero con eso no queda todo dicho. Tampoco basta con decir que los que las escribían, las enunciaban y las publicaban tendrían que haber sabido que se trataba de noticias falsas. Yo también soy periodista y me ha ocurrido haber dado una información errónea, llegar demasiado tarde a un hecho, proporcionar una interpretación falsa, pero eso ocurre una vez y le ocurre a una sola persona.
¿Es posible que el conjunto de los periódicos y los medios de comunicación de masas nos hayan dado por casualidad, por negligencia, por incomprensión, durante semanas enteras, dos noticias completamente falsas? No puede haber sido un error.
Los directores de todos los periódicos y los telediarios han movilizado a sus mejores editorialistas para que nos cuenten esas dos patrañas durante semanas enteras.
No es una casualidad. Es tan sólo la demostración más notoria de que el sistema de comunicación en su conjunto no funciona sobre la base de la verdad y de la información correcta, sino con el objetivo de difundir noticias que proporcionan una cierta interpretación de la realidad o de disimular ciertas partes de la realidad en beneficio de otras que hacen mejor servicio a los mecanismos de la dominación y que son más cómodas de contar.
Se podría argüir que siempre ha sido así. Pues bien, yo digo que no ha sido siempre así. Lo que ocurre hoy día en este terreno es muy, muy diferente de lo que ocurría en el pasado. Actualmente vivimos una nueva época histórica, nos encontramos en un viraje decisivo de la historia. Eso no ocurre a menudo. A menudo sucede que durante largos periodos de tiempo no hay grandes cambios estructurales. En primer lugar, es esencial entender esto. Y entender, en segundo lugar, que la comunicación y la información constituyen los instrumentos decisivos de esta mutación estructural histórica, constituyen los cimientos, la base.
Sin esta base, este cambio no hubiera tenido, y no tendría, tanta importancia histórica. Es importante entender todo esto, porque o bien somos capaces de hacerlo (y entonces podríamos defendernos), o bien no somos capaces, y entonces estaríamos vencidos.
Por otra parte, como dichos procesos se desarrollan tan rápidamente, hay que comprender rápido, por así decirlo. El tema de la comunicación, y el de la democracia en la comunicación, se ha vuelto esencial para cualquier lucha que intente defender la democracia de nuestro país. O somos capaces de tratarlo, o perderemos la democracia.
Una comunicación indecente (es decir, desprovista de valor intelectual, de decencia, de cultura) y manipulada (es decir, engañosa, bajo las múltiples formas que pueden inducir al error a aquellos que la reciben) priva a la población de medios intelectuales para defenderse. Un país no se puede considerar una democracia si una gran mayoría de su población está sometida a una comunicación manipulada y a una información fundamentalmente falsa.
El cuadro que tenemos ante nuestros ojos nos muestra que están a punto de robarnos la democracia, aunque no nos impidan ir a votar. Mejor; así seguiremos yendo a votar sin darnos cuenta (u olvidando) que el ejercicio de la democracia es algo muy distinto del ejercicio del voto. Este último no es más que una parte necesaria, pero no suficiente, para que se pueda calificar a una sociedad de «democrática».
Pero es evidente que el ejercicio del voto pierde todo su sentido y se convierte en un procedimiento puramente formal si los votantes ya no están cualificados para elegir, para ver la diferencia entre las variantes, entre los programas, entre las opciones. Y la información es lo que nos permite saber qué nos conviene elegir.
2. El 11 de septiembre y el fin de la soberanía nacional
Respecto al 11 de septiembre, resumiré la situación del la siguiente forma: nunca conoceremos la verdad sobre el 11 de septiembre. No la conoceremos a lo largo de los próximos cien años, como dice Noam Chomsky.
Pero de lo que podemos estar seguros por ahora, sin el menor riesgo de error, es que la versión que nos han proporcionado es falsa. Incluso lo podemos demostrar. He reunido toda la información posible, y no ha sido fácil. No por que hubiera poca, al contrario, había mucha. Pero se encontraba enmarañada con un montón de estupideces e incoherencias tan numerosas como manifiestas. Tenía que desenmarañar el enredo de contradicciones antes de establecer unas circunstancias más bien simples.
Así fue cómo llegué a la conclusión de que el 11 de septiembre tiene causas y orígenes muy, muy diferentes a las que conocemos, las que conocéis, y que el Enemigo, el Satanás del que todos debemos protegernos no es Osama Bin Laden.
Para ser más exactos, no es sólo Osama Bin Laden.
Este último probablemente haya participado en la operación, o bien estaba informado de algún modo, directa o indirectamente. En todo caso, no lo hizo solo, no desde la gruta afgana donde se encontraba confinado, no como protagonista, sino, eventualmente, como personaje secundario. Todo lo que se ha podido reunir para encontrar una explicación indica que el enemigo no es el Islam, sino algo más complejo, tan complejo que es difícilmente explicable a los millones de individuos que están obligados a sufrir las consecuencias y que no lo podrán comprender jamás [2].
Un fenómeno típico en las operaciones de terrorismo de estado es su carácter complejo y la multiplicidad de los personajes que actúan unos a espaldas de otros pero como concertados, unidos por mil hilos y al mismo tiempo condicionados por unas estrategias que sólo unas cuantas personas en la cumbre conocen integralmente. Mientras que, por debajo de ellos, los subalternos empleados en distintos niveles tienen una idea parcial, y en el nivel más bajo, los ejecutantes lo ignoran todo respecto a los propósitos de quienes los dominan y dirigen, pero han sido convencidos de antemano de actuar por el interés exclusivo de la causa a la que sirven.
Explicar, desvelar todos los pasajes, toda la pirámide, es imposible en pocas palabras. Pero es la emoción lo que vuelve más difícil todavía hacer un análisis imparcial. Emoción alimentada por explotar y magnificar el dolor y el miedo reales. Emoción nutrida por la agresividad que se desencadena contra todos aquellos que intentan discernir lo verdadero de lo falso y a quienes acusan de blasfemos por no doblegarse a la versión oficial: la más “evidente”, la más “lógica”, la más “simple”, pero no por eso la más verdadera.
Nos han anunciado el comienzo de una guerra que se prolongaría durante toda una generación. Lo ha dicho Dick Cheney, lo ha dicho Donald Rumsfeld, lo ha declarado George Bush. Y cuando los escuché pronunciar esas frases, sentí un estremecimiento de inquietud:
¡Pero qué diablos! ¿Han perdido la cabeza? Nos están diciendo que moriremos todos en tiempo de guerra o moriremos todos en estado de guerra. Pero, ¿dónde están mirando estos señores? ¿En una bola de cristal? ¿Puede creerse alguien que para vencer a Osama Bin Laden haga falta una guerra que dure toda una generación? ¿Habéis oído alguna vez a un mando militar llamar a su pueblo a las armas anunciando previamente que no podrá poner fin a la guerra durante los treinta años siguientes?
Al inicio, esta guerra fue llamada “Justicia Infinita”. Daos cuenta de que los atributos infinitos sólo pertenecen a Dios. Así que nos enfrentamos a discursos religiosos, no políticos. Por lo que parece, estos señores piensan (o nos quieren hacer creer que piensan) que están investidos de una misión moral, de un magisterio religioso.
Aquello no fue un error, fue un lapsus. No sé cuál de las dos cosas es peor: ese lapsus o el anuncio en paralelo, repetido obsesivamente, de que la guerra iba a durar “toda una generación”. ¿Y para qué? ¿Contra quién? ¿Para qué se están preparando? ¿Por qué quieren aterrorizarnos? Como pienso que no están locos, ni borrachos, no puedo pensar otra cosa sino que están hablando en serio.
Los hechos lo confirman. Veo al presidente de los Estados Unidos (a quien a partir de ahora llamaré “Emperador sustituto”), quien a mediados de noviembre de 2001 emite un decreto anunciando: que el presidente de los Estados Unidos de América, basándose en informaciones transmitidas por sus servicios secretos, instituye tribunales militares secretos; que éstos podrán juzgar (sin obligación de presentar pruebas al acusado, y menos aún al público) a ciudadanos extranjeros capturados en cualquier lugar, incluso fuera de los Estados Unidos, que serán juzgados en cualquier lugar, incluso fuera de los Estados Unidos, sin tener derecho a elegir un abogado defensor; en fin, que podrán ser condenados sin apelación a la pena de muerte por el voto de dos jueces militares estadounidenses de los tres que constituyen dicho tribunal especial.
Yo leo los periódicos estadounidenses y reflexiono [3]. ¿Qué se le pasa al Emperador por la cabeza cuando promulga un decreto de ese tipo que significa, pura y simplemente, el fin de toda legalidad internacional salvo la del Emperador? Significa que se acabó nuestra soberanía, la soberanía de Italia, de Francia, de Alemania, de Pakistán, de Irak, de quien sea. En otras palabras: hemos perdido nuestra soberanía.
3. El enemigo chino
Si a alguien la cabe la duda de que allí, en Washington, estén de broma, que no se haga ilusiones. Intentaré ahora mostraros el cuadro que se me presenta en toda su evidencia mientras trabajaba en la redacción del libro La Guerra Infinita [4]. Hasta el momento no he encontrado a nadie que haya podido dar una reconstrucción, una interpretación a la medida de desmentir mi tesis o de refutar sus aspectos de fondo. Empecemos con una pregunta esencial. ¿Quién provoca un escándalo por atreverse a poner en cuestión lo que los bienpensantes consideran como adquirido? ¿Quién es el enemigo?
A finales del año 2002, el Pentágono difundió un documento que llevaba una firma muy importante, la de Donald Rumsfeld [5]. En 2002, Donald Rumsfeld no era todavía ministro de defensa, pero es importante no perder de vista el hecho de que desde finales de 2002 el Pentágono calculaba que en 2017 el enemigo principal de Estados Unidos sería China. Se puede preguntar, ¿por qué en 2017 precisamente?
Respuesta: porque es el resultado de los cálculos y las extrapolaciones efectuados por los centros de investigación militar. Basta con introducir en el ordenador, como seguramente lo habrán hecho los analistas del Pentágono, los datos de tendencias demográficas, económicas, tecnológicas y militares de China para constatar que si el crecimiento de China prosigue al ritmo actual de 7-8% de su producto interior bruto como media anual (como lleva haciendo durante unas dos décadas), hacia 2017 mil trescientos millones de individuos comenzarán a consumir “demasiado”. Es decir, que comenzarán a comer tanto pan como nosotros, a beber tanta agua como nosotros, a poseer tantos coches como nosotros y a consumir tanta gasolina como nosotros.
Y nosotros, los ricos (incluso si nosotros no somos todos ricos y simplemente nos hemos aprovechado de las migajas que han caído de la mesa de los ricos), que no somos más que mil millones de individuos, ya hemos dañado gravemente la naturaleza que nos rodea por el tipo de consumición que vamos arrastrando. Imaginémonos un poco lo que ocurrirá cuando mil trescientos millones de personas adicionales hagan su aparición en el mercado de la consumición con las mismas pretensiones de derroche que nosotros. Es evidente que no habrá sitio para ellos y para nosotros, a no ser que destruyamos el fundamento mismo de la vida sobre el planeta.
Además, ya en el día de hoy, un solo país puede tomar decisiones sin pedirle permiso a los Estados Unidos y a su presidente; ese país se llama República Popular de China. Para evitar malentendidos, hago la precisión de que no estoy emitiendo ningún juicio de valor sobre el régimen político y social que dirige China en este momento. Me limito a constatar los efectos actuales y potenciales de su desarrollo. Y si las cosas se encuentran así, no se puede eludir una pregunta: ¿quién decidirá lo que tiene derecho a consumir China? ¿Y les autorizarán a consumir tanto como nosotros?
4. La guerra de los ricos
Hay una enorme tensión social en el mundo, que ha crecido más allá de todo límite precedente, entre ricos y pobres. El número de ricos se restringe, mientras se vuelven más y más ricos, y el número de pobres aumenta, mientras se vuelven más y más pobres. Esto representa el primer elástico, un elástico terrible que durante los últimos veinte años se ha tendido más allá de lo soportable.
La diferencia entre la quinta parte de la población más rica y la de la población más pobre se ha multiplicado por cuatro puntos y medio durante los últimos veinte años. Una quinta parte sería el 20% de la población más rica y la otra quinta parte, el 20 % más pobre. Cuatro puntos y medio por año. Es decir, que la globalización estadounidense (la llamo así porque han sido los Estados Unidos quienes han determinado esta fase de una manera absolutamente predominante) ha producido una acumulación monstruosa de riqueza a manos de una cantidad ínfima de personas.
De todos modos, esto sólo representa una parte del problema. Hay una segunda parte mucho más importante. Es el hecho de que hemos llegado hoy día a los límites del desarrollo. Eso tampoco había ocurrido nunca antes. Hemos conocido un siglo y medio de desarrollo (capitalista y no capitalista) que ha tenido un fuerte crecimiento en el norte del planeta y un crecimiento débil o inexistente en el sur.
Sabemos el modo en que se ha desarrollado la humanidad y lo observamos de forma distraída. Pero es nuestra vida cotidiana la que nos tendría que hacer reaccionar. En efecto, en la historia de la humanidad nunca había ocurrido que los hombres modificaran su entorno. Nosotros hemos llegado justo a ese estado. Aquí no podemos analizar todas las causas. Una vez más, me limito a constatar hechos. El límite, el techo de este desarrollo nuestro, a penas está por encima de nuestras cabezas; si nos ponemos de puntillas, rozamos el techo.
En todo el Occidente ya estamos obligados a cerrar nuestras ciudades porque no podemos respirar. Y ahora mismo, mientras hablamos, hay mil millones de hombres que no tienen agua para beber. Los cálculos indican que dentro de diez años habrá dos mil quinientos millones de hombres que no tendrán agua para beber. La alimentación de tres de los seis mil millones de habitantes del planeta ya es un problema.
Hoy día. ¿Qué ocurrirá entonces cuando los mil trescientos millones de consumidores a los que aludíamos antes entren en escena? A esas personas que querrán consumir tanto como nosotros, ¿cómo se lo podremos negar? ¿Y a los otros tres mil millones de personas que viven con un dólar al día? ¿Y a los millones de niños que mueren de hambre? ¿Cómo les explicaremos que no tienen derecho?
¿Y qué presidente de los Estados Unidos se levantará un buen día y explicará a los doscientos cincuenta millones de estadounidenses: “Queridos ciudadanos, no podemos seguir así. Tenemos que cambiar este sistema de vida, debemos concertar con el resto del monde algún medio para sobrevivir, tenemos que determinar con ellos nuestros niveles de consumición, nuestra calidad de vida”?
Eso supone sentarse todos juntos a la mesa (los representantes de Occidente, de Europa, de América, de China, de la India, del mundo árabe, todos juntos), sacarse las pistolas de los bolsillos y dejarlas a un lado. Supone que comencemos a conversar de igual a igual, honestamente, sobre el modo en que tenemos que vivir, salvar nuestro planeta, evitar poner en peligro nuestros glaciares, nuestros recursos; que nos pongamos a pensar en el futuro de nuestros hijos y de las generaciones por venir.
Es una de las posibilidades. Desgraciadamente, no es la más probable. ¿Cuál es la alternativa? La guerra. Por eso vamos a la guerra. Vamos a la guerra porque el grupo que dirige los Estados Unidos y todos los grupos dirigentes occidentales son incapaces de decir la verdad sobre la situación actual del mundo. Estos hombres no tienen ni las herramientas culturales, ni la intención de hacerlo. Quizá sea una tarea demasiado grande, demasiado difícil, incluso peligrosa, ya que si un presidente de los Estados Unidos se alzara para decir cosas de este tipo, es probable que lo mataran al día siguiente. Existen poderes igualmente fuertes que obtusos, cuyo único interés es seguir así, como siempre lo han hecho, con la cabeza gacha, en busca de su propio provecho.
Pero hay que reconocer que en este asunto tampoco existe una alternativa cultural de peso.
El aspecto esencial es que no se trata sólo de una lucha entre los ricos y los pobres del mundo. Nos enfrentamos a una lucha completamente inédita que no puede contrastarse más con las viejas teorías del imperialismo, sino en términos más bien de supervivencia pura y simple del ser humano.
Habréis entendido que nos encontramos justo en la meollo de un viraje decisivo en la historia. Y sólo la complejidad de este terrible viraje puede explicar que el presidente de los Estados Unidos nos haya anunciado que entramos en una guerra muy larga, tan larga que durará una generación entera, incluso más. Es la guerra de los ricos contra los demás. Quieren llevarnos a esta guerra porque creen que saldrán victoriosos; no han sabido entender que ni siquiera los ricos resultarán vencedores. Una guerra sin vencedores.
Y yo os pregunto y me pregunto: ¿qué podemos hacer nosotros para no entrar en esta guerra? Personalmente no le veo sentido a ir a hacerse quemar, y menos aún, ir a hacerse quemar sin razón alguna. Porque precisamente no estoy convencido en absoluto de que esta guerra (una guerra que implica la matanza de cientos de millones de hombres) sea de ninguna utilidad para el destino de la raza humana. Y no nos ayudará tampoco a salvaguardar los valores occidentales de los que, puestos por escrito, estamos tan orgullosos.
5. La oposición a la guerra (nuclear) infinita
No estoy intentando vender esperanzas. Quien vende esperanzas en un momento semejante no es más que un charlatán. Esperanza no hay más que una, la de organizarnos para impedir que esta guerra continúe. Es muy difícil, sobre todo porque tenemos poco tiempo en nuestras manos. La guerra contra Irak todavía está humeando. Otras guerras vendrán, y serán guerras asimétricas.
Entre ellas, las habrá grandes y las habrá menores. Después de Irak le tocará el turno a Irán. Los planes de Washington lo exigen así porque los Estados Unidos tienen que eliminar a todo adversario intermedio. A todos, antes de enfrentarse con China. O mejor dicho, para ser más precisos, las guerras intermediarias tendrán como función mantener un estado de tensión permanente que a su vez permitirá a los Estados Unidos desarrollar un terrorífico programa de rearme.
China podría convertirse también en un adversario contra el que no se luche, con la condición de que haya sido puesta previamente en un estado de inferioridad absoluta y, en cualquier caso, en una situación en que le sea imposible rivalizar con la potencia militar estadounidense y de acercarse (incluso de lejos) a unas condiciones de igualdad. De ahí que la destrucción de los obstáculos intermedios tiene por función el preparar estratégicamente el gran enfrentamiento: de este modo podrá ser evitado por la rendición del enemigo potencial. Rendición preventiva. Para ello hay que derribar Irak e Irán.
El señor Bush no bromea cuando habla de los responsables del «eje del mal». Ya los ha designado, enumerado y puesto en su punto de mira. Ahora se trata de encontrar el medio y los pretextos para liquidarlos, ya que resulta evidente que la verdadera razón por la que lo harán será inconfensable.
La nueva doctrina nuclear de los Estados Unidos lo confirma todo al declarar abiertamente que las bombas atómicas serán utilizadas como armas convencionales. Nos lo dijeron en marzo de 2002. La única condición impuesta a su utilización serán evaluaciones de interés político, evidentemente no según un criterio militar. Incluso enfrentándose a países que no poseen tales armas, el uso de las armas atómicas es libre.
Sin embargo existe una posibilidad para evitar esta guerra. En Italia había un movimiento importante de la población que no quería entrar en ella. Y también en Italia el 93% de los diputados, incluidos los de centro-izquierda, votaron a favor de la guerra contra Afganistán, cuando todo lo que veo y siento al recorrer el país es que una gran parte de la población no deseaba esta guerra. Así que podemos sacar la conclusión de que el parlamento italiano no representa de modo alguno a la mitad (una mitad abundante) de la Italia real. Hay un enorme vacío de representación democrática.
Hay que empezar por ahí con el fin de prepararnos para el futuro. Por ejemplo, debemos pedir a todos los futuros candidatos de todas las futuras elecciones, en todos los niveles institucionales (desde el consejo del barrio hasta el parlamento italiano, y hasta el parlamento europeo) que nos digan antes de ir a votar qué tienen la intención de hacer si resultan elegidos, qué compromisos están dispuestos a adoptar para con nosotros. Y ya que la guerra continuará y se multiplicará, tendremos que obligarlos a firmar un pacto con nosotros.
Nunca más a favor de la guerra. A los que no acepten firmar dicho pacto los consideraremos adversarios políticos, sean cuáles sean los partidos o las coaliciones a las que pertenezcan. Y tendrán que firmarlo públicamente, porque tenemos que combatir contra todo aquel que se declare a favor de la guerra, con todas las fuerzas de las que dispongamos y con la mayor intransigencia, por el respeto debido a las reglas democráticas. En fin, dicho de otro modo, tendremos que apoyar a todo aquel que se comprometa a no defender la guerra. Creo que el tema de la guerra y de la paz es fundamental, y a partir de ahí debemos comenzar a construir nuestra defensa. Esta es la primera tarea que se nos impone.
6. El fin del desarme: el papel de China y de Rusia
Como protagonista, China. Los chinos han comenzado a rearmarse y lo hacen a un ritmo bien constante. Construirán centenas de nuevos misiles, centenas de nuevas ojivas nucleares. Disponen de la tecnología necesaria, y dentro de diez años será una tecnología muy depurada: por una parte se desarrollan muy rápidamente, y por otra disponen de los medios necesarios.
Asistimos a una nueva carrera de rearme que inaugura una fase totalmente inédita. Creíamos que aquella época ya había quedado atrás; pues bien, ha vuelto con todas sus fuerzas. Como segundo protagonista, Rusia junto con Putin. He definido la guerra en Afganistán de la siguiente forma: un nuevo gran Yalta asiático del que los estadounidenses han salido vencedores, sin condiciones, arrebatando de la influencia rusa a nada más y nada menos que cinco repúblicas de la antigua Unión Soviética.
La guerra afgana tuvo fin con la conquista estadounidense no tanto de Afganistán como de bases militares en Asia Central, principalmente la nueva base estadounidense de Kirguizistán, cerca de su capital, Bishkek, pero sobre todo no muy lejos de la frontera con China: el observatorio más próximo a Rusia y China que Estados Unidos haya tenido nunca en Asia. Es un cambio geopolítico con consecuencias inimaginables hace todavía un año.
La base de Kirguizistán servirá sobre todo para repara la interferencia electrónica de China y controlar todas las comunicaciones. Se están construyendo dos bases militares más en Uzbekistán y Tayikistán. Parece que hay otra en construcción, muy en secreto, en Turkmenistán. No tengo ninguna certeza sobre ello. He intentado varias veces obtener un visado para Ashgabat, pero nunca me lo han concedido. El secreto es absoluto.
Al mismo tiempo, otras dos antiguas repúblicas soviéticas han pasado a estar bajo el control directo de Estados Unidos: Azerbaiyán, con su parte de explotación del Mar Caspio y su petróleo, y Georgia, donde los estadounidenses han desplegado por primera vez tropas para armar e instruir la armada georgiana, así como vigilar la frontera meridional de Rusia.
Y pensar que todo había empezado como la gran guerra contra el terrorismo. El resultado ha sido una geografía política de Asia Central cambiada por completo. Putin se ha mordido la lengua y, en este sentido, ha sido prudente. No pone el grito en el cielo porque sabe que es inútil. Pero no hay que interpretar el silencio ruso como una aprobación. Hay gruñidos profundes y amenazadores; oírlos será cuestión de tiempo.
En diciembre de 2001 Putin lanzó el submarino Guepardo, el mayor submarino de alta tecnología que nunca hayan diseñado los investigadores militares rusos, es decir, soviéticos. Las mismas fuentes estadounidenses han escrito que se trataba de una novedad. Lo cual quiere decir que este submarino nuclear, armado al menos con 120 misiles de cabeza múltiple, se ha vuelto un arma estratégica extremadamente peligrosa. Desde la caída de la Unión Soviética es la primera vez que Rusia lanza un submarino nuclear, un año después de la tragedia del Kursk.
7. El abandono de los continentes pobres
Respecto a los otros compañeros del mundo, no creo que tengan gran importancia en este momento. El partido se juega en los términos que acabo de indicar. África entera cuenta con mil millones de habitantes y 23 guerras en curso. Como mucho, se producirá un aumento de desembarque de inmigrantes en nuestras costas. Creo que la supersociedad global que se está construyendo no tiene más que formar regiones marginales.
El resto del mundo vivirá a un lado. Nosotros somos consumidores de energía vital, y esos millones, o más bien miles de millones, de personas contra quienes lucharemos por la energía serán, no sólo inútiles, sino también nocivas para la sociedad del futuro. No se necesitará tanta mano de obra y, como consumidores, serán demasiado pobres para suscitar ningún interés.
Ese enorme «resto del mundo»”será abandonado a su suerte, y si los 250 millones de estadounidenses (para ser más precisos, el 10% de esos 250 millones) y los otros 800 millones de “ricos” que pueblan el planeta (los que comen de las migajas, porque los verdaderos ricos y sus familias no son más que unos sesenta millones) quieren seguir consumiendo lo que consumen por ahora, el resto del mundo tendrá que resignarse a consumir mucho menos, o sea, a vegetar o a morir.
Tendrán que morir muchos, y ya están muriéndose. Según los datos de Naciones Unidas se había decidido reducir en un 20%, de ahora a 2015, los millones de personas que pasan hambre. Pero han pasado seis años desde que comenzó ese programa, y el número de personas muertas de hambre aumenta. Hoy día más de ochocientos millones de habitantes comen poco y mal. El resto del mundo ha quedado fuera de juego en esta perspectiva, en este proyecto.
8. El 11 de septiembre y la crisis económica en Estados Unidos
Así pues, todo el asunto del 11 de septiembre tiene el aspecto de haber sido una gran operación política. Los dirigentes de Estados Unidos se esperaban un gran enfrentamiento, pero un poco más tarde. Hubo un imprevisto. Y el imprevisto fue que Estados Unidos se detuvo. Durante veinte años nos han contado que el modelo estadounidense era el mejor, que la locomotora estadounidense dominaba el mundo y que lo único que se podía hacer era imitar a los Estados Unidos; lo mejor es que a pesar de todo continúan repitiéndonoslo.
Pero ha habido un accidente, Estados Unidos se ha detenido. Nos han hecho saber oficialmente en noviembre de 2001 que habían entrado en una fase de recesión, y noviembre, como todo el mundo sabe, viene después de septiembre. Pero a la vez que anunciaban la buena nueva, nos dijeron que ellos (los que gobiernan) lo sabían desde abril de 2001, y abril, como todo el mundo sabe, viene antes de septiembre. Cuando leí esta noticia me dije: ¡Por Dios, ocho meses para dar al mundo la información más importante de los últimos veinte años!
Después me pregunté: aquellos ocho señores que se reunieron en Génova para formar el G8 en junio de 2001, ¿sabían que Estados Unidos se había detenido o no? Si lo sabían, nos han contado a todos un montón de tonterías. Se han reunido sabiendo que Estados Unidos estaba en crisis y no nos lo han dicho. Si por el contrario lo ignoraban, eso quiere decir que estos ocho señores pertenecientes a la cúpula directiva del mundo no poseen las informaciones esenciales sobre la situación mundial. Pero entonces, ¿quién tiene esas informaciones?
Si a eso le añadimos que durante aquellos meses fatales, de abril a noviembre, hemos asistido al hundimiento de una de las mayores multinacionales del sector energético, Enron Corporation, ¿qué debemos pensar? 40.000 personas en la calle de golpe; una empresa arruinada; dos billones de dólares perdidos, arrebatados por un grupo cuyo jefe se llamaba Kenneth Lay, amigo íntimo de George Bush y que también había financiado una gran parte de las campañas electorales de Bush, de Dick Cheney y de Donald Rumsfeld. ¿Todo eso no os parece extraño? Hay demasiadas coincidencias para pensar que el 11 de septiembre haya ocurrido por casualidad.
Tras este acontecimiento hay una gran maniobra. Terminada la época del gran enemigo ruso, la Unión Soviética ha desaparecido hace diez años y la globalización se ha detenido. ¿Quién la ha detenido? ¿Hay un culpable? No puede haber sido Osama Bin Laden, él vino después. Eso quiere decir entonces que Estados Unidos se ha detenido él solo. Estaban persuadidos (y habían persuadido al mundo entero) de que su globalización habría de continuar tal cual por toda la eternidad. La historia había acabado y ya no tendría por qué haber crisis cíclicas. Pero de pronto la máquina estadounidense se detuvo. Es decir, que la historia ha vuelto a la vida según parece. Y siempre se acaba teniendo que rendir cuentas.
Y henos aquí que un elemento de diversión hace su aparición en el momento oportuno. Osama Bin Laden ha sido el deus ex machina que ha permitido desviar la mirada del planeta entero, distraerlo del desastre y poner en marcha al mismo un tiempo un motor que reemplaza al que ya se había estropeado.
Había que crearse un gran enemigo, y este enemigo intermediario ha sido el Islam. Intermediario y transitorio. Se servirán de él mientras siga probándose útil. Al verdadero enemigo ya lo describí más arriba y ya sólo me queda volver a mi punto de partida: el sistema de información funciona para ofrecernos una versión de los hechos que no se corresponde en absoluto con la verdad.
Nos impide, pues, saber qué ocurre, a nosotros y a todos los millones de individuos, de hombres y mujeres que se conmueven y sufren ante las pantallas de sus televisores.
9. El sistema de información y la guerra contra Irak
Por primera vez en la historia de los Estados Unidos es el Pentágono el que se ocupa de esos asuntos. Antes sí que existía una cosa del mismo tipo, pero dependía del Departamento de Estado. Ahora el Department of Strategic Influence está en manos de Donald Rumsfeld [el autor escribió este texto cuando Donald Rumsfeld era todavía Secretario de Defensa de los EEUU, hoy en día ya no lo es más. Ha sido remplazado por Robert Gates].
El Pentágono emite una serie de documentos que el sistema mediático mundial se encarga de difundir inmediatamente. Preparan a sus amigos, como ellos dicen. Les preparan (y nos preparan) diciéndoles muchas cosas de entre las cuales algunas son ciertas, otras son medio ciertas, y otras son completamente falsas.
Así resulta muy difícil discernir entre la información y la desinformación. Y además lo sabemos; la guerra de Vietnam comenzó con una gran invención, la acusación hecha contra los pérfidos vietnamitas de haber atacado navíos estadounidenses en el golfo de Tonkín. Sólo bastantes años después, cuando la guerra ya había acabado, se descubrió que no había existido tal ataque.
Hacer la lista de este tipo de manejos exigiría redactar libros enteros. Lo que nos deja estupefactos es el hecho de que los periodistas (los italianos los primeros) caigan siempre en la trampa y no aprendan la lección.
10. La sociedad civil estadounidense
En lo que respecta a los Estados Unidos, es difícil esperar que los que se oponen a esta guerra se vuelven los suficientemente numerosos como para obligar a la administración a que cambie el rumbo. Las razones son múltiples y profundas, y debemos reflexionar sobre ellas a fondo. Durante décadas nos han presentado a los Estados Unidos como modelo de la democracia occidental. ¿Son así las cosas? ¡No! Estados Unidos ya no es el modelo de la democracia occidental. Hace bastante que dejó de serlo.
Respecto al desarrollo de la sociedad civil Europa está mucho más avanzada que los Estados Unidos. Mirando las cosas detenidamente, incluso el sistema electoral estadounidense (que hemos intentado copiar sin comprender que cada democracia tenía su propia historia) se muestra mucho menos democrática que nuestros escrutinios proporcionales obsoletos. Incluso en los países europeos donde se practica el escrutinio mayoritario, se trata de sistemas electorales mucho mejor articulados y menos embalsamados que el bipartidismo absoluto de los estadounidenses, donde las diferencias entre los dos partidos son ahora tan imperceptibles que elegir entre ellos parece desprovisto de todo sentido.
Es por ello que, con toda lógica, la mayoría ni siquiera va a votar. Por otra parte, el nivel de formación democrática (y de información política) del ciudadano estadounidense es muy bajo.
No se trata de estar en contra o a favor de los Estados Unidos. En cuanto a mí, yo he vivido y he trabajado allí. Conocí una sociedad dinámica y muy diversificada, pero también replegada sobre ella misma, reducida a la adoración del rendimiento y de la carrera profesional y, en la mayoría de los casos, incapaz de defender sus propios derechos. En todo caso, desprovista de organizaciones que le den la posibilidad de defenderse. No es una casualidad que entre todos los países del Occidente avanzado Estados Unidos sea el único que mantenga la pena de muerte.
El hecho es que vivimos en un mundo donde un porcentaje importante de los artículos publicados en las páginas de nuestros periódicos está consagrado a la exaltación de la democracia estadounidense. Reflexiones como las que estoy exponiendo no tendrían lugar en las páginas de un periódico de gran tirada en Italia.
Unos diez días después del 11 de septiembre, cuando el presidente ha transmitido su mensaje al pueblo, en todas las cadenas de televisión, no encontró nada mejor que decir que la siguiente frase: “volved a ir de compras”. Al oírlo sentí un escalofrío. ¿No tenía nada mejor que hacer que una llamada a llenar los centros comerciales, los templos del consumismo? Algunos días después vimos las colas de miles de consumidores estadounidenses que se habían levantado a las seis de la mañana para ir a las rebajas de fin de temporada. Anticipadas para la ocasión. Así que, si lo que nos dicen es verdad, que Estados Unidos nos lleva siempre veinte años de adelanto, lo que nos arriesgamos a ver en ese espejo es a nosotros mismos. Horror.
Tal vez también los chinos se reflejan ahí, unidos por la idea de que hay que consumir siempre más, derrochar siempre más, divertirse siempre más y así del mismo modo en una especie de compulsión repetitiva. Y la compulsión es el síntoma de una grave enfermedad mental, por lo que me resulta difícil no tener la impresión de que millones de estadounidenses han llegado a un alto nivel de lobotomización. Mirad sus ciudades, construidas a la medida y en función de los centros comerciales, de los “malls”. Yo no se va de paseo, se va a comprar algo en los centros comerciales, se va a visitar los centros comerciales, como antiguamente se iba a visitar un museo.
Por eso me parece improbable esperar de parte del pueblo estadounidense una respuesta masiva y hostil en contra de la guerra. Quien ha sido tocado por el virus del hiperconsumismo, quien ha recorrido hasta el final el camino para convertirse en un consumidor impenitente, difícilmente concibe ni siquiera la existencia de los problemas que tratamos aquí. Nos lo ve, así de simple. Se ha vuelto ciego. Si bien es verdad (como lo hemos resumido eficazmente) que durante la última década los estadounidenses se han enriquecido mientras dormían, ¿cómo hacerles entender que tienen que despertar? Para ellos es difícil. Para nosotros también, dentro de poco, será difícil.
También se ha dicho precisamente que Estados Unidos era el único país del mundo donde la idea de ahorro ya no existía y donde la gente gasta más de lo que gana. Es una situación completamente anormal. La deuda de los Estados Unidos