PALABRA Y VIDA
Los Leccionarios comentados de los últimos números del Boletín Mensajero Ecuvives

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ESPIRITUALIDAD Y LIBERACIÓN CAMINOS DE LA SOCIEDAD
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MES DE ABRIL
1. Cuarto Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
MES DE MARZO
3. Segundo Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
4. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
1. Cuarto Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Leccionario del domingo 13 de abril de 2008: Hechos 2,14a.36-40; 1Pedro 2,20b-25; Juan 10,1-10
Hechos 2: 14 Entonces Pedro, con los once, se puso de pie y dijo a voz en cuello: [. . .] 36 "Sepa todo el pueblo de Israel, con toda seguridad, que a este mismo Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías." 37 Cuando los allí reunidos oyeron esto, se afligieron profundamente, y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: --Hermanos, ¿qué debemos hacer? 38 Pedro les contestó: --Vuélvanse a Dios y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo, para que Dios les perdone sus pecados, y así él les dará el Espíritu Santo. 39 Porque esta promesa es para ustedes y para sus hijos, y también para todos los que están lejos; es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar. 40 Con estas y otras palabras, Pedro les habló y les aconsejó, diciéndoles: --¡Apártense de esta gente perversa!
1 Pedro 2: 20b Pero si sufren por haber hecho el bien, y soportan con paciencia el sufrimiento, eso es agradable a Dios. 21 Pues para esto los llamó Dios, ya que Cristo sufrió por ustedes, dándoles un ejemplo para que sigan sus pasos. 22 Cristo no cometió ningún pecado ni engañó jamás a nadie. 23 Cuando lo insultaban, no contestaba con insultos; cuando lo hacían sufrir, no amenazaba, sino que se encomendaba a Dios, que juzga con rectitud. 24 Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados. 25 Pues ustedes andaban antes como ovejas extraviadas, pero ahora han vuelto a Cristo, que los cuida como un pastor y vela por ustedes.
Juan 10: 1 Entonces Jesús dijo: "Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta es un ladrón y un bandido. 2 Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas. 3 El portero le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre, y las ovejas reconocen su voz; las saca del redil, 4 y cuando ya han salido todas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. 5 En cambio, a un desconocido no lo siguen, sino que huyen de él, porque desconocen su voz." 6 Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. 7 Jesús volvió a decirles: "Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan las ovejas. 8 Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y unos bandidos; pero las ovejas no les hicieron caso. 9 Yo soy la puerta: el que por mí entre, se salvará. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos. 10 "El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Establecida ya la incontrovertible evidencia de las dos proposiciones que necesitaban pruebas, y presentadas en el anuncio inicial; a saber, primera, que Jesús había sido entregado a sus enemigos por determinado consejo de la presciencia de Dios; y segunda, que Dios lo había levantado de los muertos; y ya que se avanzó más allá del primer anuncio probando que Dios lo habla exaltado y dado lugar en su trono para sentarse a su diestra, Pedro anuncia ahora su conclusión final en los siguientes términos que traen seguridad pero sobrecogen: (36) “Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo”. Lo hizo Señor haciéndolo sentar en el propio trono de Dios, para regir sobre ángeles y hombres; lo hizo Cristo al darle el trono de David según la promesa. Era el trono de Dios por ser de dominio universal; era el solio de David por ser Jesús descendiente en línea recta de David y por lo mismo Rey por todo derecho. Los oyentes judíos de Pedro supieron por esta conclusión que, contrario a todo concepto previo, el Cristo prometido no subía a un trono terrenal por glorioso que fuese, sino al solio del universo.
Ya hemos visto que, para el momento en que Pedro se pone en pie para dirigirse al pueblo, aunque ya había ocurrido el bautismo del Espíritu Santo y se habían visto los efectos en aquéllos que lo recibieron, ningún cambio hubo en las mentes del pueblo con referencia a Jesús, ni experimentaron otra emoción que asombro y confusión. El cambio deseado con respecto a Cristo no se efectuó hasta que Pedro habló: y todo poder que para efectuarlo residiera en el bautismo del Espíritu Santo, se cifró en las palabras que el Espíritu dio a Pedro que hablara. El primer efecto visible se describe así: (37) “Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” Con esta exclamación confesaron tácitamente su creer lo que Pedro había predicado: y el informe de que estaban compungidos de corazón muestra cuán agudo fue el remordimiento que les inspiraron los hechos que ya creían. Desde que Pedro comenzó a hablar, se operó un cambio tanto en su sentir como en sus convicciones. Creían ya que Jesús era el Cristo, y sintieron punzarles el corazón con pensar que lo habían asesinado. Tal efecto se originó, dice Lucas como es natural, en lo que oyeron: "Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón". Esto ejemplifica la enseñanza de Pablo, que "la fe es por el oír; y el oír por la Palabra de Dios" (Romanos 10:14-17).
La pregunta "¿qué haremos?" se refería a la escapatoria de estos culpables de las consecuencias de su crimen; y aunque la idea de salvarse de sus pecados en general apenas hallaba lugar en su mente, la fuerza real de la pregunta se puede bien expresar con ¿Qué haremos para ser salvos? [. . .] “Y Pedro les dice: Arrepentíos y bautícese (sed bautizados) cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
Debiera observarse que, en esta contestación a la pregunta "¿Qué haremos?" se les manda hacer dos cosas: primero arrepentirse; y segundo, ser bautizados en el nombre de Jesucristo [. . .] Pero Pedro no se detuvo con esos dos preceptos; vio propio expresar específicamente las bendiciones que siguen al cumplir con ellos. Se dijo a la gente que se arrepintieran y se bautizaran "para perdón de los pecados". [. . .] La bendición segunda que se promete, a condición de arrepentirse y bautizarse, es el "don del Espíritu Santo". Pero esto no es el don milagroso que acababan de recibir los apóstoles, ya que sabemos por la historia que ese don no se concedió a todos los que se arrepentían y eran bautizados, sino solo a unos cuantos hermanos prominentes en varias congregaciones. La expresión quiere decir el Espíritu Santo como don, y se refiere a la morada interna que nos hace el Espíritu de Dios para producir los frutos del Espíritu, sin los cuales no llegamos a ser de Cristo. En la siguiente oración de su discurso Pedro habla más ampliamente de esta promesa [. . .]: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos tos que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” [. . .]
Al finalizar su relato del sermón de Pedro, el autor nos informa indirectamente que solo nos ha dado un epitome de ese discurso. (40) “Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.” El término "testificaba" se refiere a la parte del discurso en que se dan argumentos, y "exhortaba" hace alusión a la parte hortatoria y de aliento. Esta es la natural secuela a lo que expresó como condiciones del perdón, y es condensada en las palabras: "Sed salvos de esta perversa generación".
El evangelio de Juan presenta a Jesús con imágenes originales y bellas. Quiere que sus lectores descubran que sólo él puede responder plenamente a las necesidades más fundamentales del ser humano. Jesús es «el pan de la vida»: quien se alimente de él, no tendrá hambre. Es «la luz del mundo»: quien le siga, no caminará en la oscuridad. Es «el buen pastor»: quien escuche su voz, encontrará la vida.
Entre estas imágenes hay una, humilde y casi olvidada, que, sin embargo, encierra un contenido profundo. «Yo soy la puerta». Así es Jesús. Una puerta abierta. Quien le sigue, cruza un umbral que conduce a un mundo nuevo: una manera nueva de entender y vivir la vida.
El evangelista lo explica con tres rasgos: «Quien entre por mí, se salvará». La vida tiene muchas salidas. No todas llevan al éxito ni garantizan una vida plena. Quien, de alguna manera, «entiende» a Jesús y trata de seguirle, está entrando por la puerta acertada. No echará a perder su vida. La salvará.
El evangelista dice algo más. Quien entra por Jesús, «podrá salir y entrar». Tiene libertad de movimientos. Entra en un espacio donde puede ser libre, pues sólo se deja guiar por el Espíritu de Jesús. No es el país de la anarquía o del libertinaje. «Entra y sale» pasando siempre a través de esa «puerta» que es Jesús, y se mueve siguiendo sus pasos.
Todavía añade el evangelista otro detalle: quien entre por esa puerta que es Jesús «encontrará pastos», no pasará hambre ni sed. Encontrará alimento sólido y abundante para vivir.
Cristo es la «puerta» por la que hemos de entrar también hoy los cristianos, si queremos reavivar nuestra identidad. Un cristianismo formado por bautizados que se relacionan con un Jesús mal conocido, vagamente recordado, afirmado de vez en cuando de manera abstracta, un Jesús mudo que no dice nada especial al mundo de hoy, un Jesús que no toca los corazones… es un cristianismo sin futuro.
Sólo Cristo nos puede conducir a un nivel nuevo de vida cristiana, mejor fundamentada, motivada y alimentada en el evangelio. Cada uno de nosotros podemos contribuir a que, en la Iglesia de los próximos años, se le sienta y se le viva a Jesús de manera más viva y apasionada. Podemos hacer que la Iglesia sea más de Jesús.
http://www.editoriallapaz.org/Hechos_McGarvey_Contenido.htm
http://www.servitascadiz.com/comentarioalevangeliodeldomingoiVpascua.htm
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2. Tercer Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Leccionario del domingo 5 de abril de 2008: Hechos 2,14.22-28; 1 Pedro 1,17-21; Lucas 24,13-35
Hechos 2: 14 Entonces Pedro, con los once, se puso de pie y dijo a voz en cuello: [. . .] 22 “Pueblo de Israel, escuchen esto: Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de él, como bien lo saben.23 Éste fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada,[c]ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz.24 Sin embargo, Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio.25 En efecto, David dijo de él: "Veía yo al Señor siempre delante de mí, porque él está a mi derecha para que no caiga. 26 Por eso mi corazón se alegra, y canta con gozo mi lengua; mi cuerpo también vivirá en esperanza. 27 No dejarás que mi vida termine en el sepulcro; no permitirás que tu santo sufra corrupción. 28 Me has dado a conocer los caminos de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia."
1 Pedro 1: 17 Ya que invocan como Padre al que juzga con imparcialidad las obras de cada uno, vivan con temor reverente mientras sean peregrinos en este mundo.18 Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata,19 sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto.20 Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado en estos últimos tiempos en beneficio de ustedes.21 Por medio de él ustedes creen en Dios, que lo *resucitó y glorificó, de modo que su fe y su esperanza están puestas en Dios.
Lucas 24: 13 Aquel mismo día dos de ellos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros[a] de Jerusalén.14 Iban conversando sobre todo lo que había acontecido.15 Sucedió que, mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos;16 pero no lo reconocieron, pues sus ojos estaban velados. 17 —¿Qué vienen discutiendo por el camino? —les preguntó. Se detuvieron, cabizbajos;18 y uno de ellos, llamado Cleofas, le dijo: —¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no se ha enterado de todo lo que ha pasado recientemente? 19 —¿Qué es lo que ha pasado? —les preguntó. —Lo de Jesús de Nazaret. Era un profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo.20 Los jefes de los sacerdotes y nuestros gobernantes lo entregaron para ser condenado a muerte, y lo crucificaron;21 pero nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel. Es más, ya hace tres días que sucedió todo esto.22 También algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron asombrados. Esta mañana, muy temprano, fueron al sepulcro23 pero no hallaron su cuerpo. Cuando volvieron, nos contaron que se les habían aparecido unos ángeles quienes les dijeron que él está vivo.24 Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron. 25 —¡Qué torpes son ustedes —les dijo—, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas!26 ¿Acaso no tenía que sufrir el *Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria? 27 Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba más lejos.29 Pero ellos insistieron: —Quédate con nosotros, que está atardeciendo; ya es casi de noche. Así que entró para quedarse con ellos.30 Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.31 Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció.32 Se decían el uno al otro: —¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras? 33 Al instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron a los once y a los que estaban reunidos con ellos.34 «¡Es cierto! —decían—. El Señor ha resucitado y se le ha aparecido a Simón.» 35 Los dos, por su parte, contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando partió el pan.
El discurso de Pedro es un discurso programático. Después de la ascensión de Jesús los discípulos, por primera vez proclaman el anuncio, cumpliendo el mandato de predicación misionera de Jesús, comenzando por Jerusalén. [. . .] El discurso se abre presentando a Pedro y a los Apóstoles, hablando libremente ante una multitud. Pedro aparece de pie al modo de los oradores griegos: ”judíos y vecinos de Jerusalén”, representan a todo Israel, al cual Pedro se dispone a contarle algo de suma importancia.
El discurso, continúa rebatiendo la interpretación de los judíos, que habían visto derramarse el Espíritu y lo habían interpretado como un estado de embriaguez “Éstos no están borrachos, como suponéis, no es más que media mañana”.Sin ningún tipo de duda, los hechos extraordinarios de Pentecostés se deben a una actividad de Dios que derrama su Espíritu sobre los discípulos en cumplimiento de su promesa. Para apoyar este dato se introduce una cita del AT (Joel) que justifique esta interpretación. La interpretación lucana de esta cita de Joel, así como los pequeños retoques a la misma, nos colocan en la visión que la segunda generación de cristianos tenía sobre aspectos teológicos fundamentales, como la parousia inminente , que ahora se interpreta como un periodo más largo (el final que precede al momento definitivo) .Así mismo, interpreta esa comunidad salvífica del final de los tiempos, no como el Israel de aquel tiempo, sino que esa comunidad que ha vivido los signos maravillosos de Pentecostés , se convierte por la acción del Espíritu en signo del Reino que llama al Israel empírico a su conversión y seguimiento en Cristo. Esto se observa claramente en la modificación al final del texto de Joel introducido por Lucas; en la traducción hebrea era “en nombre de Yavé”,Lucas escoge la traducción de los setenta “en nombre del Señor”.
A partir del v22 el discurso se esfuerza por probar, que Jesús era mediador de Dios y era el mismo Dios el que realizaba esos prodigios, y así lo atestiguan “Los milagros, signos y prodigios”. Además, resalta como el ministerio del Jesús terrestre se adecua al plan salvífico divino y a lo dicho en el AT (Isaías) ,ahora bien, visto a la luz de Jesucristo y de la incipiente cristología (necesidad del camino de Jesús hacia la cruz sancionada por Dios).
Después de la infame actuación de Israel contra el “Nazareno”,acreditado por y en contraposición a ella, se relata la acción salvífica de Dios y su poder (cristología antitética, de gran importancia en el discurso de Pedro). La resurrección tiene como protagonista único a Dios. Él nos libra de la muerte. El triunfo de Dios sobre la muerte pertenece al plan de Dios. Así, Dios aparece como fundamento de la existencia y cimiento que nos sostiene en los peores momentos.
Lucas, en el Evangelio, nos presenta a un Jesús confiado y seguro de su filiación divina, de modo que en el supremo momento de la cruz se abandona en el seno del Padre. El triunfo sobre la muerte aparece corroborado por la cita de sal 16.Dios ratifica esta confianza de Jesús, reivindica su obra arrancándole de los poderes de la muerte; poderes que vienen personificados en la mención del Hades. Hay que señalar Jesús ascendió al paraíso sin realizar actividad alguna en el reino de lo ignoto. El v28, cierra la cita con una expresión de la exaltación de Jesús y su entrada en la vida plena del Padre.
Como ya se dijo (II Domingo de Pascua), la
primera carta de San Pedro es un documento teológico de la iglesia primitiva
centrado principalmente en la experiencia bautismal. Esta experiencia nace de
Lucas es el único que relata la historia de los dos discípulos que estaban en camino hacia Emaús. Ella es parte de una historia aún más amplia (comp. los vv.33-35) de cómo los discípulos de Jesús llegaron a la fe en la resurrección. Los dos se fueron de Jerusalén, porque ya no tenían nada que buscar allí. Para ellos, Jesús ha muerto y con ello se ha puesto fin a sus expectativas. Caminaron hacia Emaús, unos 11 kilómetros de la capital. Uno de ellos se llamaba Cleofas (de Cleopatros), a lo mejor el mismo de Juan 19,25. Mientras caminaban y discutían entre sí lo ocurrido en los días anteriores, y seguramente lo de las noticias de las mujeres, se allegó Jesús mismo a su lado. Nótese que Jesús ahora no se revela, al contrario: Dios cierra los ojos de los discípulos para que no puedan reconocer físicamente a Jesús. Él hace otra cosa, les pastorea haciéndoles preguntas de por qué se encuentran tan tristes. Se asombran muchísimo, todos saben lo que ha sucedido, y todos hablan de ello. Entonces, preguntan: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?" Como buen Pastor, Jesús les deja hablar desde su incredulidad y derramar su corazón ante Él. Ellos tratan a Jesús como una persona ajena al asunto, hablando de Él como profeta quien actuaba como hacedor de milagros. Hablan de su muerte por parte de los líderes del pueblo, quienes terminaron con la esperanza de que Él redimiría a su pueblo (el verbo griego para redimir, `lutrousthai' es usado en relación a esclavos y no de enemigos; por tanto, ellos supuestamente se refieren a la liberación de los pecados y sus consecuencias). Sin embargo, la esperanza ha desaparecido y hay que asumirla, pues ya era el tercer día desde que esto había acontecido, es decir: la esperanza se esfumó, pues para los judíos el cuarto día era el momento cuando el alma salía del cuerpo. ¿Existe al menos un vago recuerdo de las palabras de Jesús, concernientes a la resurrección? Parece que no, ya que sólo pueden comentar que unas mujeres fueron a la tumba, pero sin encontrar a Jesús en ella.
Todavía Jesús no revela su identidad, sino que hace otra cosa, aún más importante. Un día no estará más aquí en la tierra y su pueblo igual debe creer. Por lo tanto, antes de revelarse pone un fundamento firme bajo la fe de ellos, mostrando que su resurrección se basa en las Escrituras. Les reprocha insensatez y lentitud en cuanto a su fe en la enseñanza de las Escrituras, en todo lo concerniente al sufrimiento y la gloria del Mesías. Les hace ver que era el deber del Mesías sufrir y morir antes de llegar a su gloria. Esta era la voluntad de Dios con respecto a adquirir la salvación para su pueblo. Aunque no creen inmediatamente, sí deben reconocer después (v.32) que su corazón ardía mientras Jesús hablaba. Por lo menos, algo de su esperanza perdida comenzaba a recuperarse. Además, Jesús los prueba actuando como si quisiera irse, pero lo detienen pidiéndole que se quede con ellos. Allí en la casa el Señor nuevamente toma la iniciativa, bendiciendo y partiendo el pan; sólo ahora el velo les es quitado. Inmediatamente le reconocen como Jesús, su Señor. No obstante, cuando el velo es quitado, Jesús se va; mientras que teniendo el velo, estaba con ellos. El momento tan breve de su revelación es sólo una añadidura y una referencia a su ascensión en la cual se irá definitivamente hasta su retorno.
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3. Segundo Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Leccionario del domingo 29 de marzo de 2008: Hechos 2,42-47; 1 Pedro 1,3-9; Juan 20,19-31
Hechos 2: 42 Y eran fieles en conservar la enseñanza de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan[g] y en la oración. 43 Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles. 44 Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; 45 vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno. 46 Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. 47 Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación.
1 Pedro 1: 3 Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo por la resurrección de Jesucristo. Esto nos da una esperanza viva, 4 y hará que ustedes reciban la herencia que Dios les tiene guardada en el cielo, la cual no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse. 5 Por la fe que ustedes tienen en Dios, él los protege con su poder para que alcancen la salvación que tiene preparada, la cual dará a conocer en los tiempos últimos. 6 Por esta razón están ustedes llenos de alegría, aun cuando sea necesario que durante un poco de tiempo pasen por muchas pruebas. 7 Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca. 8
Ustedes aman a Jesucristo, aunque no lo han visto; y ahora, creyendo en él sin haberlo visto, se alegran con una alegría tan grande y gloriosa que no pueden expresarla con palabras, 9 porque están alcanzando la meta de su fe, que es la salvación.
Juan 20: 19 Al llegar la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, los discípulos se habían reunido con las puertas cerradas por miedo a las autoridades judías .Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: --¡Paz a ustedes! 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. 21 Luego Jesús les dijo otra vez: --¡Paz a ustedes! Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. 22 Y sopló sobre ellos, y les dijo: --Reciban el Espíritu Santo. 23 A quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar. 24 Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Después los otros discípulos le dijeron: --Hemos visto al Señor. Pero Tomás les contestó: --Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer. 26 Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomás estaba también. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo: --¡Paz a ustedes! 27 Luego dijo a Tomás: --Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree! 28 Tomás entonces exclamó: --¡Mi Señor y mi Dios! 29 Jesús le dijo: --¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto! 30 Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31 Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.
Gregorio de Niza en su Homilía sobre la Pascua escribía: “Ha aparecido otra generación, otra vida, otra forma de vivir, un cambio de nuestra misma naturaleza. Y ustedes han visto el inicio de este cambio hacia el bien”. La primera lectura de hoy es un retrato vivísimo de esta “nueva generación”, de “otra manera de vivir”, de una ciudad más humana, la Jerusalén de los creyentes en el resucitado. Este modelo ideal, pintado con entusiasmo y con un poco de utopía por los hechos de los apóstoles, capítulo 2 (ver el pecado de egoísmo de Ananías y Safira en el c.5) está estructurado sobre cuatro componentes que constituyen las columnas de este nuevo edificio espiritual (2, 42). La columna fundamental la constituyen las enseñanzas de los apóstoles: “No existe comunidad cristiana sin el conocimiento, y por consiguiente sin la predicación sobre Cristo, desde el momento en que no hay fe sin la predicación (Rom. 10, 14)” (S. Lyonnet). Después sigue el elemento más marcado, afirmado por la perícopa de hoy, la Koinonía, la comunión fraterna experimentada exteriormente en la comunicación de bienes y de la total igualdad socioeconómica. Para construir una comunidad no basta que un cierto número de cristianos se encuentren el domingo para cumplir con un acto litúrgico, sino que es necesario que ellos construyan una comunidad-familia durante toda la semana.
La fracción del pan es el tercer elemento y hace alusión al rito eucarístico, memorial de la pascua de Cristo, al cual se acompaña el banquete del ágape (1 Cor. 10-11) que es una realización visible de la unidad y del amor postulados por la eucaristía. El cuarto elemento está constituido por las plegarias que recuerdan el culto en el templo que contenía los sentimientos y la mentalidad típica del mundo en que vivían los primeros cristianos, y que ahora era experimentado con un espíritu nuevo, “con un solo corazón” (Hch. 5,12).
Esta explicación de la vida comunitaria de los creyentes es particularmente apreciada por el concilio Vaticano II que lo ha citado por lo menos cinco veces, sigue otro documento de la iglesia primitiva en la segunda lectura: la primera carta de San Pedro. Ésta conserva vestigios de una amplia catequesis bautismal (1, 3-4,11) de la cual nuestra perícopa constituye el himno de apertura, que canta la alegría del creyente por la herencia que le ha sido dada en la fuente bautismal y que lo conducirá a la plena participación del reino. La regeneración (v.3) es el punto de partida para una meta, la salvación plena, inaugurada con la resurrección y que se concluirá con la última “manifestación” del Señor (v.7). Pero en esta esperanza que domina la carta no se ignora el paso de dolor y de soledad que la iglesia debe atravesar en las pruebas de su itinerario terrestre (v.6). Pero nosotros “que amamos a Cristo sin haberlo visto, que creemos en él sin verlo” (v.6), no debemos dejarnos invadir por el desaliento, porque nuestra vida que por hoy conoce la muerte, podrá ver también la resurrección y la gloria.
La dificultad y la oscuridad de la comunidad cristiana están descritas en la aparición de Jn. 20 (Evangelio) es decir en el encuentro de Jesús con su discípulo Tomás, que representa a todos los que caminan lentamente y entre muchas crisis hacia la fe auténtica. Jesús reserva una bienaventuranza particular para aquellos que creen con pureza y sin apoyos externos (v.29) y entonces concede una segunda oportunidad a su titubeante discípulo. Muy diferente de lo que sugiere una poesía de Alejandro Solgenitzin que dice: para la Biblia es difícil “creer”, la fe es una conquista cansada y a veces desgarradora. Por el contrario la iglesia proclama el anuncio pascual: “Hemos visto al Señor” (v.25) pero con paciencia y humildad debe observar que el misterio de la libertad humana puede llegar a declarar su acto de fe, lenta y gozosamente: “Señor mío y Dios mío” (v.28). Esta es la profesión de fe cristológica más grande de todo el evangelio y corresponde a la solemne proclamación del primer versículo del evangelio: El fiel ha llegado a la luminosidad total de la fe.
Pero en la presentación de esta comunidad pascual hay todavía un dato aún más significativo que se encuentra oculto en la escena del mismo día de la pascua (vv.19-23), Jesús, el resucitado, se presenta a su iglesia como lo había prometido (14,28), les deja la paz mesiánica (v.21) como lo había anunciado a sus discípulos en 14,27 y envía (v.21) a sus discípulos a la misión definitiva que ahora cumplirán en su nombre y con su poder.
Ahora cobran importancia un gesto y una frase de Cristo. Cristo “sopla”, conforme el símbolo bíblico del espíritu de Dios que crea y transforma el mundo y la humanidad. Este es el Pentecostés Juanino colocado en el día mismo de la pascua: Le es confiado a la iglesia el trabajo de ser y de crear una humanidad nueva. Las palabras de Jesús explican el gesto en este sentido: “recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados les quedarán perdonados, a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos” (v.23). El poder que el Mesías ejerció en su paso por esta tierra, renovando y liberando a la humanidad, ahora es confiado a la comunidad mesiánica sobre la cual se derramó el Espíritu Santo como se derramó sobre el mismo Mesías, al inicio de su misión, en el momento del bautismo. Cristo asocia por consiguiente la iglesia pascual a la gran obra de la creación de una humanidad nueva, libre, pura y animada por el Espíritu Santo, obra que el cumplió en su resurrección.
Publicado por LA BRUJULA
Blog La Mesa de la Palabra
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4. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Leccionario del domingo 22 de marzo de 2008: Hechos 10,34a.37-43; Colosenses 3,1-4; Juan 20,1-9
Hechos 10: 34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo, le es acepto. 36 El mensaje que El envió a los hijos de Israel, predicando paz por medio de Jesucristo (El es Señor de todos), 37 vosotros sabéis lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó. 38 Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Y también le dieron muerte, colgándole en una cruz. 40 A éste Dios le resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, 41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios, es decir, a nosotros que comimos y bebimos con El después que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó predicar al pueblo, y testificar con toda solemnidad que este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en El recibe el perdón de los pecados.
Colosenses 3: 1 Si habéis, pues, resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria.
Juan 20: 1 Y el primer día de la semana María Magdalena fue* temprano al sepulcro, cuando todavía estaba* oscuro, y vio* que ya la piedra había sido quitada del sepulcro. 2 Entonces corrió* y fue* a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo*: Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto. 3 Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, e iban hacia el sepulcro. 4 Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro; 5 e inclinándose para mirar adentro , vio* las envolturas de lino puestas allí, pero no entró. 6 Entonces llegó* también Simón Pedro tras él, entró al sepulcro, y vio* las envolturas de lino puestas allí, 7 y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con las envolturas de lino, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó. 9 Porque todavía no habían entendido la Escritura, que Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Con la resurrección de Cristo la humanidad entera se envuelve en un movimiento de salvación. En la persona de Cornelio, quien fue centurión romano de Cesarea, están simbolizados todos los que buscan a Dios con corazón sincero y constituyen el pueblo consagrado a Dios (Hch. 15, 14). A ellos se anuncia la salvación como fue proclamada a los judíos y a los primeros testigos: "Porque Él es nuestra paz: ya que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio que los separaba" (Ef. 2, 14). Siempre es muy interesante meditar el Kerigma contenido en la primera lectura (Hch. 10, 33-43) que está destinado para la predicación de la Iglesia primitiva y para su pastoral misionera frente a los no creyentes.
La síntesis del mensaje se centra sobre la figura y la actividad de Jesús, el resucitado. Casi se trata de una escalerilla de temas que después se desarrollarán en un discurso más amplio y catequístico. La trama se estructura en cuatro etapas: bautismo de Juan, el ministerio en Galilea, la muerte y la resurrección, esta última experimentada y vivida por la comunidad cristiana como la raíz de su existencia y de su fe. La iglesia siente fuertemente la necesidad de anunciar este misterio de libertad, esta intervención salvífica decisiva del Señor que toca a "vivos y muertos" y en la cual converge toda la revelación bíblica ("los profetas", v. 43). Todo el discurso de Pedro sugiere un método nuevo de evangelización: "a partir de los hechos, de las esperanzas de la gente, y de los destinatarios concretos, entonces confronta estas esperanzas con el contenido esencial del evangelio, y lo hace como un anuncio de paz, de liberación, de justicia, que es la salvación, don de Dios para todos los hombres. Todo esto no es una teoría o una doctrina acerca de Dios, sino un hecho ubicado dentro de la historia, es un acontecimiento que tiene como protagonista a Jesús, Salvador, muerto y resucitado. De aquí se puede sacar una consecuencia práctica: se debe decidir en pro o en contra de Cristo" (R. Fabris).
La segunda lectura ratifica el misterio pascual de Cristo que se expresa conforme al esquema de exaltación de la tierra hasta el cielo, de la muerte y vida humana hasta la vida eterna y divina (Col. 3, 1-4). Pablo, el apóstol encarcelado en Roma (4,3) lanza un mensaje de conversión a los colosenses, cristianos del Asia menor evangelizados por Epafras, discípulo de Pablo y "fiel ministro de Cristo" (1,7). Él vuelve a tomar el esquema "de la exaltación" aplicándolo al bautismo cristiano y a todos los rincones de la vida, e invitando al creyente a vivir su pascua. Las alturas y la tierra son ciertamente una antítesis, no solamente en el sentido espacial inmediato, porque si así fuera, la religión se transformaría en una evasión y alienación hacia un cielo lejano y nebuloso. El contraste se hace más claro si lo formulamos con otras expresiones sinónimas de san Pablo: El mundo de abajo es "el hombre viejo", "la carne", "el pecado", que en el bautismo se apagan con la muerte en el sepulcro del agua bautismal. (Rm. 6, 2-7). El mundo de arriba es "el hombre nuevo", "el espíritu", "la gracia", que constituyen la realidad presente del cristiano. Se trata de la vida nueva "escondida con Cristo en Dios" (v.3), es decir, vida que hay que experimentar en la fe, porque no se entendería desde lo físico solamente. Se trata de la vida que ahora está presente en nosotros como empezando a nacer, pero que se "manifestará" (v.4) en la futura plenitud de nuestro destino, cuando el velo se haya corrido: "Más todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu" (2 Cor. 3, 18).
Juan en el evangelio de hoy presenta la intervención decisiva de la Pascua de Cristo que es el corazón del anuncio cristiano (I lectura) y la transformación de la humanidad (II lectura). Esta pascua se recuerda a través de la celebración eucarística de la primera comunidad, que se realizaba junto a la tumba del Señor, precisamente "el primer día de la semana" (Jn. 20, 1) y que era también una celebración de la presencia pascual de Cristo en la Iglesia. En la narración no está descrita la resurrección, que es un evento que engloba y supera la experiencia humana e histórica, sino que presenta el testimonio de la resurrección de Cristo resucitado en la vida de la iglesia (Pedro y "el discípulo que Jesús amaba") que "vio y creyó" (v.8). Son signos auténticos para quien está dispuesto y preparado para la fe: la piedra derribada, el sepulcro vacío, las vendas abandonadas, el sudario; se necesita saberlos "ver", no con una demostración común y visual, sino con una intuición profunda, que es el preámbulo "de la fe". "El discípulo que Jesús amaba" se convierte en el creyente típico que sabe "comprender la escritura" (v.9) y también ver la finalidad y la unidad de todo el plan salvífico de Dios.
SUGERENCIAS PASTORALES
1. La comunidad cristiana debe ser cada vez más conciente de la importancia del misterio pascual, liberándolo de lecturas reduccionistas o apologéticas o meramente espirituales. En la pascua, la historia del mundo queda envuelta en un nuevo proceso de transformación que lo proyecta hacia Dios. Cristo ha roto la prisión de los límites y de la muerte, del pecado y del fin y ha inaugurado el reino de la redención y de la gracia. Es necesario llevar la fe cristiana a su matriz fundamental, evitando las reducciones a modelos de fe vagamente rituales o filosóficos o sociales o poéticos.
2. Cristo con su vida hace que la creación tome una nueva dimensión. La vida ahora pasa por el mundo, también la historia tiene una esperanza y el hombre se transforma en hijo. La pascua por consiguiente, es la conquista de un sentido y de una finalidad nueva para todo el ser. "El es nuestra esperanza", exclamó Pablo en Col. 1,27. El compromiso moral subrayado por la segunda lectura de hoy, es la respuesta gozosa del hijo que es una nueva criatura, al abrazo salvador del Padre.
3. El tiempo y la muerte han sido superados por Cristo. La oración laica de Montale puede tener un cierto contenido interior: "protegedme custodios míos silenciosos. Protegedme de la película barata que se desarrolla frente a mí…" (L'opera in versi, Turin 1980, p. 498). El momento crucial para el cristiano, se encuentra precisamente en el destino de esta "película" que trata sobre la vida: con la resurrección de Cristo, la vida ha tomado una solidez y una fuerza nueva. "Porque si nos hemos injertado con él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante" (Rm. 6,5)
Publicado por LA BRUJULA
Blog La Mesa de la Palabra
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