HUELLAS EN EL CAMINO   


 

  1. Vivir la participación, no decretarla / María Fernanda Vacas, rscj

  2. Reflexiones sobre actividad realizada en los Municipios Morán, Andrés Eloy Blanco e Iribarren del Estado Lara / Jorge Peñaloza

  3.

 


 

1. VIVIR LA PARTICIPACIÓN, NO DECRETARLA

 

María Fernanda Vacas, rscj

 

Estamos en valiosos tiempos de REVISIÓN, RECTIFICACIÓN y REIMPULSO, tiempos de detenernos a analizar nuestras acciones, nuestro modo de relacionarnos, las estrategias y modos con los que hemos querido animar la construcción de un país socialista con el que soñamos.  No se trata tanto de medir nuestra convicción revolucionaria ni de defendernos; no se trata de mirarnos con sospecha y malicia unos a otros y unas a otras; no se trata de aprovechar la ocasión para “serrucharnos las patas” y “pescar en aguas revueltas”.  Se trata de sentarnos con la suficiente libertad y confianza, pero también con la suficiente humildad y honestidad, a REVISAR cada una de nuestras prácticas, nuestra forma concreta de desarrollar el proyecto en el que creemos y tenemos la hermosa responsabilidad de dar Vida.

 

Pues bien, en estos tiempos y desde la experiencia concreta del Estado Sucre,  propongo una mirada profunda al interior de cada institución.  Y al hablar de institución me refiero tanto a los Ministerios y sus dependencias regionales, como a las Gobernaciones y Alcaldías con su funcionariado propio, e incluso a cada una de las Misiones y su propia estructura de funcionamiento.  Creo que en cada una de estas instancias y en cada uno de sus niveles hemos de hacer un profundo trabajo de REVISIÓN  que nos lleve a corregir errores e incongruencias fatales que están carcomiendo nuestros sueños por adentro, que están deteriorando e incluso destruyendo el proceso revolucionario por dentro.

 

Mucha atención: decimos DESTRUYENDO, sí, DESTRUYENDO.  Estamos en un momento clave de este Proyecto de País socialista que queremos construir entre todas/os, en una encrucijada donde elegir uno de los varios caminos que se nos presentan.  Y el camino de la confianza para cuestionarnos, la humildad para aprender a hacer, la libertad para expresarnos y la honestidad en la mirada son fundamentales, no solo en cualquier cargo que desempeñemos dentro de estas instituciones, sino en cualquier espacio y momento de la Vida si es que queremos ser humanos y humanas y construir juntos/as una sociedad socialista.  Y esto porque tampoco el socialismo es un decreto, ni un conjunto de ideas claras y radicales, el socialismo es un Proyecto de Vida, una forma de ser seres humanos, una oportunidad de convivencia.

 

Pues bien, he aquí dos motivos para una profunda revisión:

 

Estoy sintiendo una tendencia extraña que no termino de comprender.  Hacer un proceso de REVISIÓN ha significado, por ahora, en muchas instancias, un simple cambio de estructuras: oficinas y coordinaciones que se crean, otras que desaparecen; funcionarios que cambian de silla y nombres nuevos que nos expresen mejor.

Quizá todo esto sea necesario, aún no sabemos.  Pero nos estamos perdiendo el momento principal de la REVISIÓN: las relaciones.

 

La revisión no es un trabajo que se haga en el despacho del coordinador o el jefe con un pequeño grupo para reformar la estructura que vemos ineficiente.  La REVISIÓN es, una vez reconocida esta ineficiencia, sentarnos con cada grupo y persona de quienes participan en la red institucional y EMPEZAR A CAMBIAR RELACIONES. 

 

Sí, RELACIONES.  Hemos de empezar a cambiar nuestra forma de relacionarnos porque resulta que la cantidad de promotores sociales que dan Vida a cada Alcaldía se sientan con sus coordinadores a recibir lineamientos y órdenes para crear tal o cual Consejo Comunal o Comité de Tierra; se sientan con sus coordinadores a entregar planillas de cifras y nombres con cédula pero sin Vida porque estas estadísticas, que con tanto celo presentamos a nuestra autoridad superior, no reflejan realidades ni la vitalidad de los hermosos procesos que estamos viviendo en el país, ni las luchas y creatividad de un pueblo que sigue luchando por hacer realidad el Proyecto Socialista. 

 

El Comité de Tierra Urbana, por ejemplo, no lo puede crear ningún funcionario por decreto o por tener en sus manos una planilla donde aparece el nombre del vocero/a.  Esto es una estructura vacía y sin Vida.  Un CTU se crea en una comunidad y con una comunidad.  Y para ello el funcionario/a o la funcionaria ha de crear espacios de reflexión conjunta, de expresión libre de ideas, de decisión consensuada; para ello el funcionario/a debe generar una real experiencia de participación en la que la misma comunidad se encuentra y reflexiona, expresa, decide iluminando lineamientos a los que el/la funcionaria junto a la institución a la que pertenece ofrece las posibilidades pertinentes: facilidades administrativas (es decir, una burocracia fácil y rápida en la que el peso lo lleva la institución y no el vocero/a), financiamiento y apoyo en la infraestructura que sea necesaria.

 

Y esto que sirve para las Alcaldías es igualmente cierto en cualquiera de las otras instituciones, desde los Ministerios hasta las Misiones.  Por ejemplo, podemos revisar cuál es la RELACIÓN que existe entre los facilitadores y facilitadoras de la Misión Robinson, Ribas, Sucre, Cultura,…, con los y las coordinadoras o tutoras o responsables inmediatos: ¿se basa en la entrega de planillas y recaudos? ¿En supervisiones y controles de asistencia? ¿Nos damos oportunidad para el crecimiento conjunto, para reflexionar sobre lo que estamos haciendo, para intercambiar logros y dificultades?  Y es que las Misiones no tienen como único objetivo el cumplimiento de estadísticas y la superación de índices educativos.  Se trata de que cada una de las personas que participamos en el proceso CREZCAMOS en él y aprendamos una forma de ser humanos/as, una forma diferente de relacionarnos: de mayor solidaridad, de mayor sensibilidad, de mayor humanidad.  De nuevo, el socialismo es un Proyecto de Vida y no el cumplimiento de una función, es una forma de ser y convivir y no la presentación de determinados requisitos administrativos.

 

Es decir, la institución está al servicio del pueblo -y no al revés-, al servicio de las ideas y creatividad del pueblo, de las decisiones y luchas del pueblo.  Y para cumplir este servicio ha de dar a este pueblo los espacios y las herramientas donde concretar tanta vitalidad y tanta sabiduría acumulada. 

 

Para ello, es fundamental que, desde el/la coordinadora general hasta la más apartada de las personas que constituyen la institución, se dé esta misma dinámica de reflexión conjunta, expresión libre y toma de decisiones consensuada.  Y esto porque la participación ES UNA EXPERIENCIA que si no la hemos vivido, no podemos generarla ni transmitirla.  No es un decreto ni una idea que se enseña, no es una orden ni una estadística ni una convicción, solo se transmite y se crea por vía de EXPERIENCIA. Y esta se genera desde estrategias metodológicas adecuadas.  Por lo tanto, nuestra tarea como funcionarias/os no es hablar y hablar de socialismo y poder popular, nuestra tarea es desarrollar las estrategias que hagan realidad la participación y el protagonismo y, por lo tanto, den cauce al poder popular que “no nace del sufragio ni de elección alguna, sino de la condición de los grupos humanos organizados como base de la población” (Art. 136 de la Reforma Constitucional propuesta por el Presidente Chávez el 15.08.2007).

 

Aquí sí, uno de los mayores desafíos es reconstruir la confianza en nosotros/as mismos y nuestro pueblo frente a un sistema que nos impone  constantemente y por todos los medios la desconfianza en las mayorías pobres que solo saben de delincuencia y contaminación y son incapaces de crear y gestionar sus propias políticas públicas; la desconfianza en los gobiernos de los países llamados en desarrollo que son indígenas, “pata en el suelo” y corruptos ilusos incapaces de crear modelos políticos y económicos diferentes a los impuestos; la desconfianza en la novedad, la diferencia, la imaginación creativa para hacer de este un mundo más humano y justo sobre todo, con los más empobrecidos y excluidos de la historia; desconfianza porque el modelo ya está dado y es el neoliberalismo y a ese neoliberalismo tenemos que adaptarnos y plegarnos, adorarlo como a un rey desde nuestro rol de príncipes o de esclavos, de cortesanos o mendigos. 

 

¿Acaso, desde cada una de las instituciones que animan este proceso revolucionario vamos a repetir modelos de desconfianza? ¿Acaso vamos a pensar que solo unos pocos iluminados/as pueden pensar el socialismo e imponerlo u ofrecerlo como capsulas de tragar y ya está? ¿Acaso no vamos a ser, precisamente estas instituciones, las que más escuchen y aprendan de la creatividad del pueblo, de su capacidad de riesgo y resistencia, de su sueño socialista? ¿Acaso no sabemos descubrir el socialismo insertado en la propia Vida y ofrecerle espacios de crecimiento y expansión?

 

Otro punto importante de REVISIÓN institucional es el de la coherencia.  Coherencia en toda la cadena organizativa que nos constituye.  De nuevo no se trata de proclamar el valor de las cooperativas o las entidades financieras que creamos con nuevos criterios y relaciones.  Se trata de darles Vida y apoyarlas con nuestra gestión cotidiana.

 

Aquí quiero hacer referencia a tres ejemplos graves de incoherencia y, por lo tanto, de destrucción del proyecto socialista.  Ya sea por falta de convicción, por ignorancia o por flojera, es de suma gravedad que estas cosas ocurran al interior de nuestras propias instituciones (Ministerios, Gobernaciones, Alcaldías, Misiones) llamadas revolucionarias:

 

A través de las Misiones se están dando innumerables encuentros de formación y de intercambio de experiencias.  Encuentros regionales o locales animados por las coordinadoras/es de cada Estado, encuentros de enorme riqueza, encuentros que viven la participación como experiencia.  Pues bien, estos encuentros han de prepararse con sumo cuidado y no sólo en su contenido sino en su metodología de trabajo y en su organización logística.  Cada uno de estos tres momentos ha de responder al mismo fin y con los mismos principios socialistas: contenido teórico, metodología que son relaciones y organización logística que toca directamente hospedaje, comida y transporte.

 

Ocurre con demasiada frecuencia que la propuesta socialista apoya el capitalismo hotelero que le facilita la logística y la burocracia consecuente pues tiene facturas con RIF y NIT y papel membretado.  Mientas que la cooperativa de comida recién creada en nuestro barrio y a la espera de contratos o la de transporte o la  posada turística  no son dignas de nuestra confianza.  Peor aún, cuando un coordinador consciente y arriesgado prepara el Encuentro desde el proyecto socialista y para el desarrollo endógeno tal como propone el Gobierno Nacional, resulta que el pago por prestación de servicios a las cooperativas competentes se complica, se desvía, se retrasa.  ¿Acaso hemos de mendigar atención y justicia? ¿Acaso vale menos una cooperativa de mujeres que el hotel de tal o cual compañía? ¿Acaso no nos damos cuenta del daño que le estamos haciendo a nuestro barrio y  sus esfuerzos creativos, a nuestro país y el proyecto socialista que queremos?

 

Aquí reclamo una profunda revisión de todos los departamentos administrativos de las Misiones y su disponibilidad para el financiamiento de unos proyectos quizá el doble de caros y su reticencia y desprecio para con otros más baratos, incipientes y socialistas.

 

Ocurre algo similar a la hora de hablar de sueldos y salarios o beneficios laborales.  ¿Cómo es posible que el pago de la nómina de las Misiones recaiga en la banca golpista y mercantilista? ¿Cómo es posible que apoyemos al Grupo Santander y gestionemos con él determinados beneficios laborales?  Seguramente ofrece mayor seguridad y mayores intereses hoy, pero mañana financia, con nuestra plata, un golpe de estado o una desestabilización precisamente con el objetivo de destruir nuestro proyecto de país.  No logro entender semejante incoherencia. 

 

Cuando el Gobierno Nacional ha hecho enormes esfuerzos de nacionalización de la CANTV, por ejemplo, nosotros/as apoyamos la banca extranjera.  Cuando los gobiernos latinoamericanos están abriendo los ojos y apoyando entidades financieras con otros criterios y otros principios, nosotros/as los cerramos y apoyamos el más puro neoliberalismo. 

 

¿Qué es esto? ¿Dónde estamos parados/as?  REVISEMOS y RECTIFIQUEMOS pues, desde hace décadas el pueblo venezolano ha demostrado creatividad y resistencia suficiente para desapegarnos e independizarnos de esta banca mercantilista, hostil e insensible a la Vida de los más empobrecidos y excluidos.

 

Otra realidad que me preocupa enormemente es la incongruencia que existe entre las propuestas formativas del Gobierno Nacional y las instancias regionales que deben incorporar a este nuevo personal a sus filas.  Se trata concretamente de una zona educativa que no cree en la formación de la Misión Cultura y, por lo tanto, la desprecia; o un hospital que no conoce la formación que ofrece la Medicina Integral Comunitaria y, por lo tanto, genera desconfianza a su alrededor.  Tenemos casos graves en este sentido pero, sobre todo, tenemos una incongruencia que genera enorme inseguridad y desasosiego. 

 

Me parece de gravedad y urgencia atender  esta clase de situaciones y demostrar que las políticas que impulsa el Gobierno Nacional tienen su correlativo en la realidad local y no son proyectos sin concreción y sin posibilidad para la Vida de cada ciudadano y ciudadana “de a pie”. 

 

Aquí nos estamos jugando la legitimidad del proceso de cambio, la confianza en una propuesta que tenga bases reales.  No podemos quedar ciegos y dejar que el destino solucione estas incongruencias.  Hay que tomar decisiones y hacer posible la novedad. 

 

No es posible que sea el mismo pueblo excluido y empobrecido siempre el que sufra las consecuencias de nuestra ineficiencia institucional.  No sería justo que le volviéramos a robar el sueño de que otro mundo es posible y ya se está dando.  Y, en este sentido, creo que el Gabinete de Ministros ha de tomar decisiones y dar instrucciones al respecto.

 

Me parece que no estoy equivocada si afirmo que somos nosotros/as como Institución quienes tenemos que aclarar la situación con el Ministerio que corresponda.  Y no caer en la tentación de poner a correr a nadie llevando constancias, papeles, sellos y recaudos para intentar solucionar una incongruencia que es INSTITUCIONAL y no es responsabilidad individual de cada ciudadano/a.  De nuevo, llamémonos la atención para no repetir modelos y tomemos la responsabilidad que nos corresponde: responder a la REALIDAD de nuestra gente, hacer triunfar las políticas nacionales.

 

Por todo esto, y si la participación no es un decreto sino una experiencia, y la coherencia es  una exigencia ética y no fruto de la suerte, propongo un REIMPULSO para cada institución:

 

Generar experiencias de participación en cada nivel de nuestra Vida laboral o personal

 

Favorecer e impulsar procesos vitales de participación y protagonismo, no de sumisión y lineamientos, a través de estrategias de Educación Popular.   En este sentido, cada Ministerio, Gobernación, Alcaldía o Misión debe ser un lugar de FORMACIÓN y un espacio de Educación Popular (tanto en lo administrativo como lo político-ideológico, como lo académico o el área específica de atención de esa institución), donde cada funcionaria/o crece y aprende a vivirse socialista, por elección y construcción conjunta y continua.

 

Para ello, convocar periódicamente a mesas de trabajo creativas, capaces de crear caminos, fórmulas,…, con imaginación y capacidad de riesgo: “o inventamos o erramos” (Simón Rodríguez)

 

Confiar en la enorme sabiduría y claridad de este pueblo y ofrecer la instancia y las herramientas para que fluya y se convierta en VIDA.

 

 


 

2. REFLEXIONES SOBRE ACTIVIDAD REALIZADA

EN LOS MUNICIPIOS MORÁN, ANDRES ELOY BLANCO E IRIBARREN DEL ESTADO LARA

 

Con Comunidades participantes en Talleres de Formación Sociopolítica

 

 

Jorge Peñaloza

 

Desde mediados del año pasado participé invitado junto a otros compañeros por la UNESR en un programa de facilitación con campesinos de la zona cafetalera de Morán, Andrés Eloy  Blanco, Crespo, Torres e Iribarren. Personalmente estuve en Morán, Andrés Eloy e Iribarren.

 

Durante este tiempo, además de facilitar y hacer seguimiento a la experiencia, me interesé en conocer más de cerca la realidad que viven estos hombres y mujeres del campo. Son muchos los años que estando excluidos por una sociedad capitalista, que solamente piensa en sus ganancias y en el producto que puede obtener, lo único que le interesaba, y cuidado si todavía sigue en muchos casos siendo así, era EL CAFÉ. No ha habido hasta el presente un interés verdadero por la vida, cultura, idiosincrasia, de estos pueblos. Similar a como en tiempos de la esclavitud, solo ha llegado lo elemental para que puedan subsistir y no muriendo, puedan producir.

 

Lo cierto es que quien profundiza al menos un poco, sin actitud pragmatista, sino humanista, con la necesidad de encontrarse con esta gente, va descubriendo grandes y hermosos valores, que siguen siendo puntales de nuestras bases originarias como pueblo venezolano.

 

Cuando en el Preámbulo de nuestra Constitución se plantea, apoyándonos en “la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana, refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna”, se está pensando también en todos estos pueblos y contextos del país no tomados en cuenta hasta el presente y por eso consideramos  que no pueden quedar excluidos, como en la práctica se ha pretendido realizar, por parte de algunos organismos oficiales.

 

Una verdad tan grande como una catedral es que nadie, por más que ame a su lugar de origen, va a arraigarse en él, si no hay ni siquiera las condiciones mínimas para poder decirse que se da una vida digna. Por esa razón observamos con dolor y con tristeza, como nuestras ciudades han ido creciendo por la gran cantidad de campesinos que buscando mejorar de vida, dejaron su suelo, su lugar de origen para ir a pasar trabajo en las grandes ciudades.

 

En el caso que nos compete, principalmente dedicado a la educación y formación sociopolítica, educativa y cultural, consideramos que los cambios no se podrán dar para bien, si las políticas reales que se quieren implantar no parten desde la propia realidad que viven esos hombres y mujeres, si se les llega imponiendo criterios y acciones que no han surgido desde sus propias necesidades y desde la vida que llevan, sino que son los que nosotros, como habitantes de las ciudades “nos ha parecido bien” realizar, según nuestros propios criterios.

 

Un verdadero proceso de crecimiento de acuerdo a la Constitución supone una autentica ACTITUD de acercamiento, de escucha,  de atención a una realidad muchas veces ignorada, por no decir negada. Es cambiar nuestra mentalidad de que somos nosotros los que sabemos y ellos no saben nada. Es romper con esa visión piramidal que tanto daño nos ha hecho y que sigue pesando en nuestra propia vida. No se si estamos dispuestas y dispuestos a realizar esos cambios, sobre todo quienes tienen más responsabilidad al respecto. Hay por ejemplo en este momento, a partir del planteamiento de un nuevo diseño curricular, de la necesidad de crear un diseño curricular que se adecue verdaderamente a la zona cafetalera. Me pregunto, ¿nos hemos acercado al menos con una actitud de entender, asimilar y comprender, la dinámica social, política, cultural de estos pueblos para construir una nueva hermenéutica (interpretación de la realidad) que parta de ese contexto, que genere una epistemología (búsqueda de conocimiento) que le sirva en el proceso de vida de estos pueblos, que construya una educación que responda a sus condiciones de vida y necesidades de desarrollo social, político y cultural y económico? Mientras este no sea el criterio, al menos es mi parecer, por más planes y proyectos que se hagan, estos quedarán en las oficinas de las instituciones públicas y posiblemente se engavetarán como tantos a lo largo de la historia. Esto no puede seguir ocurriendo. El nuevo Republicano se construye con nuevos valores, sobre todo el de la solidaridad. Es al menos el planteamiento del Maestro Simón Rodríguez.

 

Si algo ciertamente comprobé durante este tiempo compartido y que confirmó aspectos aprendidos durante los últimos años, es que muchos de estos hombres y mujeres, escuchan atentamente y con gran claridad, las líneas y pensamientos que el Presidente va esbozando a lo largo de su discurso y su acción política. Además lo entienden con una claridad diáfana, creo que muchas veces mejor que nosotros los que supuestamente nos pasamos analizando más al respecto. Y como soldados pié en tierra quedan esperando que desde los lugares más cercanos, desde las gobernaciones y alcaldías o ministerios comience a realizarse algo práctico que responda a los lineamientos hechos por el Comandante. Lamentablemente ocurre que en muchas oportunidades se han quedado “como novia de pueblo: alborotados y con los crespos hechos”. Por otra parte sucede que entre nosotros, quienes realizamos una labor, supuestamente de apoyo, tampoco nos ponemos de acuerdo y esto también se refleja en el trabajo que se realiza en las zonas y áreas campesinas. Se dan órdenes y contraórdenes y ellos manifiestan que no se sabe por fin a quien hacerle caso.  Creo que en el trabajo campesino hay que aplicar urgentemente las tres R propuestas por el Presidente. Un primer paso lo constituyen estos talleres que se han dado, pero no basta. En el caso de la educación, invitamos a la Zona Educativa para que se incentive verdaderamente a  los docentes que trabajan en la zona campesina, que se les apoye, se les contrate definitivamente, no como empleados de segunda y así se sientan entusiasmados en la labor que realizan y sean los primeros aliados en el cambio que se desea lograr. Que se trabaje con las mismas organizaciones de las comunidades campesinas, los Consejos Comunales y los docentes en ese nuevo diseño curricular respondiendo a la existencia y cultura de la zona y no simplemente se piense en el aspecto económico.

 

Todavía es tiempo de hacer cambios reales y vale la pena realizarlos si estamos dispuestas y dispuestos como revolucionarios a que nuestro país se enrumbe por nuevos derroteros.

 

Estoy convencido de que si lo queremos lo podemos hacer. Y esto es un trabajo colectivo.