
Caracas, 11 de Abril de 2008
HOMILÍA PARA LA ORACIÓN ECUMÉNICA
EN PUENTE LLAGUNO
Rvdo. Valmore Amarís R.
Ministro Presbiteriano
Coordinador de Comunicación y Formación de ECUVIVES
Hoy se cumplen seis años de los nefastos sucesos de Puente Llaguno en el 2002. Y aquí nos encontramos una vez más ¿Para qué? ¿Para fijar nuestra mirada en el pasado? ¿Para alimentar sentimientos de amargura y de sed de venganza? No. No es ese el fin. Estamos aquí porque queremos voltear la página; deseamos cerrar el capítulo de ese libreto que no termina de hacer justicia con los caídos del 11 de abril de 2002; de hacer honor a la verdad de esos hechos, y de darnos la oportunidad las venezolanas y los venezolanos de transitar por el camino de la verdadera paz y de la verdadera reconciliación.
Por ahí hemos visto y escuchado, una que otra vez, a algunos voceros del oposicionismo hacer un llamado a la reconciliación entre los venezolanos. Autoridades eclesiásticas parece que también han expresado este sentir. ¿Reconciliación?... Bueno, está muy bien. Hermosa palabra esa: reconciliación. ¿Quién no desea vivir conciliado con la paz? El pasaje del Evangelio que fue leído (Lucas 15: 11-24) tal vez no resulte la mejor analogía que me hubiese gustado encontrar para este caso. Pero me permito, eso sí, sustraer de allí la cuestión de fondo: los elementos de una verdadera reconciliación.
¿Qué notamos en esta lectura?: Una relación dañada, unas vidas distanciadas, como resultado de una conducta irresponsable. Un hijo que se separa de la causa común de la familia para derrochar “lo que le corresponde” de una manera disoluta e irracional, y cuyas consecuencias terminan con acabarlo física, moral y espiritualmente. Encontrándose en esta situación, el joven reflexiona, advierte su condición, toma conciencia de lo que ha hecho, hace un propósito de enmendar su error y busca reconciliarse con su padre y con su hogar. Cuando llega de vuelta a casa se dirige a quien había faltado y expresa sin disimulos, sin excusas, sin palabras lisonjeras o rebuscadas qué era lo que había hecho, lo grave de su insensatez, y a qué había regresado. Lo hace llamando las cosas por su nombre: “he pecado contra el cielo y contra ti”. Una expresión propia de la cultura de aquellos tiempos. La reacción del padre no se hace esperar, porque el padre no es ciego a la realidad de lo que está frente a él: sangre de su sangre. Y se produce la reconciliación que se hace evidente en el festejo colectivo.
¿Reconciliación entre las venezolanas? ¿Reconciliación entre los venezolanos? Vamos por orden. ¿Cuáles son los pasos? ¿A quiénes toca reconocer que han faltado contra el cielo y contra el pueblo? ¿Quiénes dijeron, tratando de manipular las expectativas del pueblo, por allá por 1998, que votar por Chávez representaba un suicidio colectivo? ¿Quiénes desde aquellos años, a través de sus medios de comunicación comenzaron a tratar de chusma, hordas violentas, ignorantes, monos y otros epítetos como estos al pueblo humilde de nuestras barriadas, caseríos y pueblos? ¿Quiénes afirman desde entonces que las y los seguidores del proceso los hacen por la limosna que reciben y un cuartito de caña? ¿Quiénes negaron por muchos años a la mujer y al hombre trabajador un salario digno, una vivienda decente, un sistema de salud que resolviera y oportunidades de estudio? ¿Quiénes despojaron al venezolano de pensiones que dignificaran la vejez o la convalecencia por enfermedades discapacitantes? ¿Quiénes han tratado de invisibilizar los votos que respaldan con toda firmeza al proyecto de gobierno que la mayoría popular se ha dado? ¿Quiénes han intentado e intentan aún negar la existencia de ese respaldo, aderezado de confianza y cariño, del pueblo a su Presidente? ¿Quiénes a lo largo de estos años han saturado la opinión pública con denuncias sin fundamento, encuestas engañosas, vilipendios y mentiras a granel? ¿Quiénes, por prensa, radio y televisión, se han cansado de insultar al Presidente de los venezolanos y venezolanas como mejor les ha parecido? ¿Quiénes se han encargado de insultar la inteligencia del pueblo con sus propagandas de guerra mediática tan terroristas como falaces? ¿Quiénes armaron una emboscada el 11 de abril de 2002 para generar un golpe de Estado? ¿Quiénes inventaron la infamia de “los pistoleros que acribillaban a mansalva a una marcha de ciudadanos indefensos"? ¿Quiénes sacaron a la calle a los metropolitanos y a las policías municipales para que dispararan contra la concentración en Puente Llaguno? ¿Quiénes secuestraron al Presidente electo por los venezolanos? ¿Quiénes desconocieron la Constitución y el Poder Constituido al día siguiente de la masacre? ¿Quiénes, después de restablecido el orden constitucional y habiendo escuchado y visto el llamado a diálogo del Presidente siguieron y siguen conspirando? ¿Quiénes armaron el paro petrolero con pérdidas millonarias para las finanzas del país? ¿Quiénes organizaron las “guarimbas” que produjeron pérdidas de vidas humanas, así como pérdidas materiales? ¿Quiénes dejaron sin gasolina a los vehículos, sin gas doméstico a los hogares, sabotearon las cuentas bancarias y el libre tránsito en las grandes ciudades? ¿Quiénes han mostrado abiertamente su odio y desprecio a las y los médicos cubanas y cubanos quienes han acompañado los quebrantos de salud de la gente de nuestro barrios? ¿Quiénes se han burlado y menospreciados las misiones y los proyectos educativos a favor de los relegados de siempre? ¿Quiénes han negado y pretenden seguir negando el acceso de los pobres a los centros de educación superior y universidades? ¿Quiénes han usado los púlpitos y altares de los templos para arengar propagandas politiqueras? ¿Quiénes se han aliado a las transnacionales mediáticas y económicas, así como a los gobiernos de los países industrializados, para difamar y perjudicar a su propia nación? ¿Quiénes regalaban el petróleo de nuestro suelo a las transnacionales y llamaron bitumen a las reservas en la Faja del Orinoco? ¿Quiénes se alegraron con la noticia del intento judicial de la Exxon Mobil contra Venezuela? En fin ¿Quiénes envilecieron la moral pública y permitieron la instalación de una cultura de la corrupción y el despilfarro? ¿Necesitamos hacernos más preguntas?... ¿Quiénes deben, entonces, abiertamente y sin palabras disfrazadas manifestar: ¡Pueblo, hemos pecado contra el cielo y contra ustedes, nuestros hermanas y hermanos! ¡Los hemos violentado y los hemos desconocido! ¿Quiénes deben entonces hacer una profunda introspección, un sincero propósito de “nunca más”, de no seguir atropellando la voluntad popular?
Una vez llegado a ese punto se habrá dado el primer paso para la reconciliación nacional. Porque no es posible una reconciliación en dónde supuestamente no ha pasado nada. Sería como la reconciliación solicitada por un marido violento, acostumbrado a golpear a su esposa, y que después de cada humillación exija su cariño y sus favores a cuenta de que son marido y mujer. La verdadera reconciliación amerita la confesión, la reparación y la conversión. Confesar es esa palabra que hemos usado en el mundo religioso y cuya raíz idiomática proviene de otro término familiar para nosotros: homologar. Reconciliar implica homologar el sentido de los acontecimientos, llamarlos por su nombre todas las partes involucradas, como ya dijimos momentos antes. Llamarle al pan pan y al vino vino. No es posible llamar a la mesa de reconciliación al explotador y al explotado en las mismas condiciones de explotación. No es posible hablar de reconciliación cuando no hay el reconocimiento del otro y de la otra. No es posible hablar de reconciliación cuando en la mesa del convite el poderoso disfruta del manjar y el humilde debe conformarse con las sobras, con las migajas o con el pan duro. No es posible la reconciliación en una sociedad donde los medios de producción están concentrados en monopolios que se valen de su poder para chantajear y extorsionar las necesidades del pueblo. La reconciliación es dignificar la humanidad del interlocutor, la reconciliación implica el trato de tú a tú, y así vendrá como consecuencia la anhelada paz, ya sea personal, ya sea la paz social.
Creo humildemente, que por acá va la cosa si queremos en verdad la reconciliación. El profeta Isaías dijo: “el fruto de la justicia será la paz” (Is.32, 17) En esta fecha luctuosa, de desgraciada memoria, por las víctimas del atropello, a trabajar entonces por una reconciliación con justicia y con verdad. Vamos a impregnar, o mejor dicho, a saturar al proceso bolivariano de ética, de moral, de la espiritualidad que ennoblece el alma de las naciones.
¡Dios derrame su bendición sobre todas las venezolanas y sobre todos los venezolanos!

CREDO Y ORACIÓN
Rvda. Migdáleder Mazuera
Miembro de ECUVIVES
Creemos en Dios Padre y Madre
Que anida en el corazón de su pueblo
Llenándolo de sentimientos de amor.
Creemos en Jesucristo,
Quien vino para hablarnos de la Vida en abundancia,
La cual es la voluntad de Dios para la humanidad.
Creemos en el Espíritu Santo,
Quien tiene la tarea de guiarnos hacia la liberación
Y protegernos del mal.
Creemos en una Iglesia,
que sea una expresión verdadera del evangelio,
y guiada por el Espíritu Santo
viva inspirada por la Fe, la Esperanza y el Amor.
Creemos en los poderes creadores del pueblo,
Que guiado por la fe trabaja por mejores condiciones de vida,
Junto a la de sus hermanos y hermanas.
Creemos en la revolución bolivariana
Porque en ella vemos la esperanza de los pueblos
Para vivir con dignidad y soberanía.
Oramos por todos los procesos liberadores del continente,
sus líderes y liderezas,
En Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Argentina,
Uruguay, Paraguay, México, y todos los demás,
Porque en ellos y ellas vemos y apreciamos
el sacrificio nuestro y de nuestros hermanos y hermanas,
para construir un mundo mejor donde la paz sea el fruto de la justicia.
Así creemos y oramos los cristianos revolucionarios bolivarianos
Amén